El tenista y el diputado

Noviembre 2014, revista Sábado El Mercurio

GIORGO Y HANS

Uno es político aficionado al tenis y el otro es un tenista con intereses sociales. Giorgio Jackson, diputado por Santiago y Hans Podlipnik, la tercera raqueta nacional, son amigos desde niños. Y amigos de los buenos. Partieron entrenando tenis juntos y terminaron siendo activistas de distintas causas, cada uno desde su vereda. Acá por primera vez hablan de esta amistad que sigue firme a pesar de la distancia, los campeonatos y las tareas del Congreso.

Julio 2013. En la ciudad de Eskisehir en Turquía se disputa el Challenger con el mismo nombre y el tenista chileno Hans Podlipnik, número 271 en el ATP y tercera raqueta en Chile, está concentrado y ansioso por el partido que vendrá. En dos días se enfrentará a un rival feroz: el georgiano Nikoloz Basilashvili, número 314 en el ranking, pero muy bueno en este tipo de canchas. Y Hans, como siempre, quiere ganar. Eso piensa en la habitación de su hotel, cuando tocan a su puerta. Cuando abre, se encuentra con el entonces candidato a diputado por Santiago Centro, Giorgio Jackson. O lo que queda de él: Jackson viene desde Bruselas donde el Parlamento Europeo lo invitó en la mitad de su campaña política. Está agotado. Por el viaje, la campaña y porque acaba de viajar toda la noche en bus desde la Estambul para ver el Challenger. Pero ha cumplido su palabra. Ahí está, dos días antes del partido decisivo. Los amigos de infancia, el candidato y el tenista, se abrazan. Giorgio se instala en el hotel y sin perder mucho tiempo, saca su computador y abre una presentación en powerpoint frente a Hans. “Ya. Tienes que mejorar esto, ojo con el revés de este gallo, tienes que plantear el partido así y asá, estas son las debilidades y fortalezas de tu rival”, le dice. Hans pone atención. Toma nota del diagnóstico técnico y psicológico de su improvisado estratega que lleva varios años candidateándose también para ese puesto. Mandarle a Hans estadísticas, estudios y tácticas de juego es algo que Giorgio hace desde que tenían 16 o 17 años  cuando Hans empezaba a competir en el extranjero en circuitos profesionales.

“En Turquía, me sentí en mi salsa, como un entrenador de verdad, no podía ser mejor. Jugamos, le hice esta presentación, hasta llevé mi cámara Gopro para editarle un video a Hans y hacerle estadísticas del partido”, se ríe Jackson.  Pero al día siguiente, Hans perdió. “Mi record como entrenador es 0-1. No es tan bueno”, dice Jackson. Hans lo disculpa: “Fue un partido muy peleado. Me tocó un jugador buenísimo en cancha rápida. Pero sin el estratega, hubiera perdido más fácilmente”.

***

Hans y Giorgio son amigos desde muy pequeños, desde que ambos eran alumnos del colegio alemán Deutsche Schule Sankt Thomes Morus en kínder (Hans) y primero básico (Giorgio). En realidad, Giorgio era compañero del hermano mayor de Hans, Sebastián Podlipnik. Pero al poco tiempo, se hicieron amigos con Hans entrenando tenis en el Club Manquehue donde los colegios alemanes tenían  un convenio para que sus pupilos practicaran deportes. Hans también esquiaba: su papá era entrenador austríaco de esquí y representaba en Chile a una marca de bastones de sky y raquetas. Y Giorgio además del tenis, también practicaba hockey. Era un niño inquieto, con déficit atencional, que se aburría fácilmente, con hartas anotaciones en el libro de curso, a pesar de sus buenas notas. “Giorgio era muy curioso. Le gustaba investigar, saber cómo funcionaban las cosas, tenía mucha energía. Era inquieto, le gustaba llegar con novedades y saber por qué pasaban las cosas que pasaban”, dice Hans. Él, era más tranquilo, pero le gustaba más jugar que estudiar. Era alumno de 5.8. Pero disfrutaba leyendo novelas históricas y temas de astronomía y ovnis. “Después se puso más desordenado. Como se formó solo con el tenis, eso le dio carácter, disciplina, confianza en sí mismo”, dice Giorgio sobre su amigo.

Entrenando juntos, desarrollaron su amistad en torno a los deportes, la competencia y el juego. Cuando uno le ganaba al otro, le sacaba pica. Les tocaba estar en alianzas diferentes para el aniversario del colegio. Jugaban a la pelota y al ping pong en los recreos. Medían sus fuerzas. Pero en el tenis, solo jugaron en contra una sola vez: en el Court Central del club Manquehue para la semifinal de un torneo de la Liga Nacional. Ese fue el partido de la polémica. A un lado estaba Giorgio Jackson. Al otro, Hans Podlipnik. Uno de 13, el otro de 12 años. Hans ganó el primer set, pero Giorgio, el segundo. Cuando iba a empezar el tercero, eran las cinco de la tarde, había empezado a oscurecer un poco y Hans pidió cambio de cancha para tener más luz. Esperaron más de media hora por la cancha nueva. Mientras, Hans trotó, entrenó, mantuvo el cuerpo caliente. Giorgio se sentó a conversar animadamente con otros amigos en las graderías. Cuando volvieron a la cancha, Hans le ganó por 6-4. “Yo retiré del tenis a Giorgio Jackson”, dice ahora Hans ironizando. Es una broma que le ha repetido todos estos años a su amigo. Giorgio le contesta siempre de vuelta: “Tienes que pedir cambio de cancha para ganarme, eso sí”. Ambos se ríen hasta hoy recordando el partido de la polémica. Tanto, que Hans escribió un relato de este encuentro donde aclara: “Para mí Giorgio es mi “hijo” y se lo vengo recordando desde hace 12 años”.

Jugando tenis en el Manquehue, los dos incluso fueron pasapelotas del Chino Ríos, Ana Kournikova, Massú y González cuando eran sub-18 en algunas demostraciones de lujo. Pero al poco tiempo, Hans dejó el Club Manquehue, se fue al Estadio Italiano donde le habían hecho una buena propuesta a su padre para que entrenara y Giorgio se quedó solo en ese deporte. Entonces derivó al voleibol. “El tenis es muy solitario, hay que tener temple y perseverancia para jugar solo. Preferí el voleibol porque era grupal, de equipo”, dice el diputado que después pasó a ser parte de la selección nacional menores y juveniles.  Sin embargo, los amigos siguieron jugando a la pelota y sobre todo al ping pong en los recreos en el colegio. Esos también eran partidos  de infarto que convocaban público alrededor de los competidores. Ambos recuerdan uno que fue cuando estaban en el primer año de la media. El partido duró una hora y algo, fue muy reñido y ambos terminaron con las camisas de colegio mojadas de tanto paletear. Finalmente Hans ganó. Pero hasta ahora, Giorgio le rebate que él ganó más puntos independientemente del resultado final.

En segundo medio, Hans dejó el colegio alemán y se cambió a una escuela de deportistas. Giorgio empezó a ir a verlo a cada partido, a cada campeonato, a cada torneo. “Siempre estaba el papá de Hans, Diego Timmermann, otro amigo, y yo. Con Diego decíamos que éramos los managers de Hans. Su papá era muy estricto, lo retaba. Nosotros lo aconsejábamos e íbamos a todos los campeonatos locales. A veces éramos los únicos en el público, en canchas que ni siquiera tenían graderías, donde estábamos detrás de la reja nomás. Le decíamos a Hans: “Cuando seas top 100 ATP, te tienes que acordar de nosotros y comprarnos un auto a cada uno”, recuerda Jackson. Mientras, Hans que ya tenía algunos auspicios, le regalaba zapatillas de marca a su amigo, que además tenía el mismo número y talla que él.  En tercero medio, Giorgio se integró a trabajar en Un Techo Para Chile donde estuvo colaborando seis años. Así empezó a forjarse como un activista social con interés en el tenis. Por la misma época, Hans comenzó a viajar y a descubrir el mundo. Entonces se fue forjando como un tenista profesional con intereses sociales.

***

Estaban a punto de salir del colegio, cuando Hans, aún aficionado a la astronomía, leyó en un foro científico que cierta noche habría una lluvia de estrellas llamada Gemínidas que se podría ver en el cielo de Santiago. Hans armó un grupo para el avistamiento e invitó a Giorgio. Pero Giorgio tenía un cumpleaños, aunque le dijo que iría más tarde al cerro Pochoco, donde sería la excursión. El grupo subió en la tarde y una vez que llegaron a la cima, instalaron colchones para ver las estrellas. Cuando eran las 10 de la noche, sonó el celular de Hans. Era Giorgio. “Ya, estoy en la Plaza San Enrique, pero me voy ahora al Pochoco”, le dijo.

  • Oye, pero está oscuro, no se ve nada, cómo vas a subir- le respondió Hans.
  • No importa, voy a subir igual.

Una hora y algo después, Hans recibió otro llamado. Era Giorgio, desde la mitad del cerro Pochoco. “Me voy a quedar acá, estoy perdido, no doy más”, le dijo. Hans se asustó. Empezó a bajar y a gritarle a su amigo. De a poco, se fueron oyendo por el eco, a través de gritos sordos. “No sé cómo, pero Giorgio terminó subiendo el cerro. Llegó muerto. Se durmió toda la lluvia de estrellas, pero yo la vi”, recuerda el tenista que cada vez empezó a pasar menos tiempo en el país. Los amigos continuaron el contacto a través de Messenger, Facebook, correo electrónico. Así, Giorgio, aún fanático del tenis, comenzó con la tradición de entrenador y estratega online: estudiaban a los competidores de su amigo, las estadísticas, revisaba videos de partidos y le mandaba toda esa información a Hans por mail un día antes del partido. Eso hasta que Hans tuvo una mala racha y empezó a perder. Giorgio le escribió: “No te voy a escribir más porque cada vez que te escribo, pierdes”.  “Después rompimos el hechizo y seguimos estudiando la estrategia juntos, el mejor revés, el porcentaje de servicio, todo a distancia. Giorgio se lo sabía todo. Es seco con los números y las estadísticas”, reconoce Hans.  Giorgio, que lo ha visto jugar desde niño, analiza a su amigo como jugador: “Tiene buena genética, la frialdad para definir. Me acuerdo que tuvo contra las cuerdas a varios gallos muy buenos como a Fernando Velasco. Le hacía globitos, lo tenía vuelto loco. Velasco venía de pelearle a Nadal, que era 20 del mundo. Fernando le dijo a Hans: bien jugado, te espero en los ATP, como reconociendo que tenía futuro. Al principio a Hans le fallaba la cabeza, la presión familiar, acordarse de lo difícil que había sido dedicarse al tenis. Cuando lo empezó a disfrutar, se notó el cambio”, explica Jackson.

A los 19 años Hans se quedó sin auspiciadores para su carrera tenística. Le pidió consejo a su amigo. Jacksón lo alentó a seguir. Entonces Hans les escribió a todos los clubes de tenis que encontró. Así empezó a ganar dinero jugando campeonatos en interclubes en Europa y a competir en todo el globo: Austria, Suiza, Luxemburgo, Francia, Alemania, Nigeria, Brasil. Así también despertó su lado social. “Cuando viajaba por Sudamérica y África por campeonatos, empezó a ver contrastes brutales. Un día estaba en Winbledon y al otro, jugando en una cancha en Nigeria donde los niños se le acercaban para pedirle algo de comer”, cuenta su amigo. Hans se convirtió en activista de Greenpeace, apadrinó escuelas de tenis para menores en riesgo social y unos años después, empezó como activista de una ONG en Estonia, el país de origen de su novia Bárbara, que lucha por el erradicar el tráfico de personas en el mundo. Por su lado, Giorgio entró a ingeniería civil en la Universidad Católica, fue electo como Presidente de la FEUC en 2010 y al año siguiente, el 2011, se transformó en uno de los líderes del movimiento estudiantil que exigía educación gratuita y de calidad en nuestro país.

Hans le decía a su amigo: “Sigue nomás, Giorgio. No es posible que en Chile la educación sea así. Cuando yo lo cuento en otros lados, no me creen. No puede ser que aún sea importante de qué colegio saliste”. Ahora el deportista explica: “No me sorprendió ver a Giorgio como líder. Siempre le inquietó el tema social. Los dos creíamos que estábamos en una sociedad demasiado materialista y él siempre estuvo preocupado de cómo ayudar a la gente de menos recursos. Son las experiencias de vida las que forjan tu manera de pensar. Para mí fueron viajes a países muy pobres y para él, involucrarse en proyectos como Techo para Chile desde niño y la vida que le tocó, que no fue fácil. Creo que Giorgio es de los pocos políticos que está ahí para servir a los demás. Es algo que le interesa porque es un buen tipo”, dice Hans.

“Siempre estoy en contacto con Hans, por whatsap, Facebook. Sé a qué horas juega, contra quién, es una preocupación que tengo dentro de mis hobbies porque es un amigo cercano al que quiero que le vaya bien y se sienta apoyado. Para mí Hans es un maestro que tuvo los huevos para apostarlo todo. Además es curioso intelectualmente, honesto, un tipo noble”, dice el diputado.

Ahora los amigos se ven poco. La mayor parte del tiempo Hans está de viaje, de gira, en hoteles, compitiendo. También estudia International Management online, le gusta escalar montañas y sigue leyendo mucho, historia y filosofía. Con Giorgio tratan de verse lo que más pueden cuando Hans viene tres meses al año al país, aunque dentro de ese tiempo también viaja mucho a regiones para ver las escuelas que apadrina, hacer demostraciones o a apoyar causas que le interesan. Todavía está peleando con la ATP para que lo dejen usar el logo de Greenpeace en los partidos que disputa. “El Barcelona puede jugar con el logo de la Unicef, pero un tenista no puede hacerlo con el de Greenpeace”, dice contrariado.  Cuando está en Santiago, generalmente se juntan con Jackson para un día de piscina. Y siempre Giorgio le pide que practiquen tenis. “Para él debe ser muy fome, pero igual se ríe conmigo porque me hace correr para todos lados y me saca la mugre. Ahí aprovechamos de conversar de todo: yo le pregunto de tenis y él de ciertos temas políticos y sociales”.

En una oficina de alfombras mullidas del ex Congreso Nacional en pleno centro de Santiago, Giorgio Jackson mira la pantalla de su celular, abre la aplicación de la ATP y baja con el dedo por la pantalla. “Aquí está, ¿ves? Hans ganó el partido que tenía en Argentina. ¡Qué bueno! Aquí lo voy siguiendo en línea”.

Desde la pieza de su hotel en Córdova, Hans Podlipnik dice: “Con Giorgio a veces podemos dejar un año de vernos, pero cuando nos vemos es como si no hubiera pasado un minuto. Eso es esto: una amistad de dos tipos que se quieren mucho y se ven poco”.

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