El Soda Verde (Entrevista a Charly Alberti)

Octubre, 2014, revista Sábado

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En el cumpleaños de Gustavo Cerati, su ex compañero de Soda Stereo, el baterista y ahora activista medioambiental Charly Alberti, graba una campaña ecológica con una cadena de centros comerciales en calles chilenas. Ahí recuerda los hitos del grupo, su quiebre y reencuentro, su propia reinvención como experto en tecnología y ecologista. También habla del accidente que dejó a su amigo en un coma de más de 4 años. “Me duele mucho lo de Gustavo”, confiesa a Sábado.

“Soy cero por ciento plástico. Cero por ciento plástico. Cero por ciento plástico. Con una sola acción, podés hacer mucho. Podés hacer mucho. Podés hacer mucho”, repite Charly Alberti una y otra vez frente a la cámara y a la veintena de personas que lo graban, maquillan, ordenan, escudriñan para una campaña de un centro comercial en plena Avenida Italia. Es 11 de agosto. Hoy Gustavo Cerati cumple 55 años. Cerati, que lleva casi 4 años en coma después de un accidente cerebro vascular del que no despertó más. Y mientras, el ex baterista de la banda, Carlos Alberto Ficicchia Gigliotti en su cédula de identidad, hoy vestido de jeans negros, zapatillas, jockey, cansado de tanto repetir lo mismo y convertido en activista medioambiental – es director de Revolución 21 que trabaja por la difusión del cambio climático en América Latina – sabe perfectamente qué día es. Lo sabe de memoria y porque a cada rato, viene alguien y se lo repite: “¡El cumpleaños de Gustavo! ¡Qué triste!”. Hace dos días, Alberti posteó en su twitter: “Te extrañamos”. Abajo, adjuntaba una foto donde él, Zeta y Cerati se abrazan con fuerza arriba del escenario el 2007 durante la gira Me Verás Volver.

Ahora dicen que no hay que preguntarle por Soda ni Cerati, menos por su cumpleaños. Que hay temas de los cuales no habla. Pero Alberti habla de todo, mirando de frente con sus ojos celestes aguados, sin hacerse problemas: “El viernes me acordé que iba a estar de cumpleaños y me agarró la tristeza. Por eso posteé algo. Me duele mucho lo de Gustavo. Hay días en los que lagrimeo solo porque lo extraño. A veces estoy más fuerte y voy a verlo. Otras, estoy más débil y no puedo, me hace mal”. La última vez que estuvo con él, despierto, fue el 2008 cuando el trío recibió el premio Personalidad del Año de parte de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas. La última vez que estuvo con él, dormido, fue sólo hace un par de meses. “Fuimos a verlo con Zeta. Cuando estoy con él, me emociono, le toco las manos, le hablo, le digo: “qué estúpido que sos”. Él hizo algunas cosas que lo dejaron ahí. Fue una mezcla de destino y descuido. Tenía trombosis, seguía fumando, yo me peleaba con él por el cigarrillo. ¿Qué fue al final? Nadie sabe, pero de que todo suma, todo suma. ¿Qué pasaría si despertara? Le diría que lo extrañé y que lo espero para que vayamos a tocar juntos. Nuestro plan era volver cada cinco años con Soda. Ése era el plan”.

***

Dice Charly Alberti que lo ecologista le viene desde niño. De su casa grande cerca del estadio de River Plate en Buenos Aires donde creció. De los animales y plantas y del inmenso patio que allí tenían. De los peces, que le fascinaban cuando era chico. “Hasta un caballito  teníamos en casa”, recuerda. Pero antes de ser un ecologista de verdad, fue músico. Hijo del conocido baterista y compositor argentino Tito Alberti, empezó a estudiar batería a los 6 años, en casa, de manera particular. Y así creció: armando aviones de escala, soñando con ser piloto de avión, jugando waterpolo y jockey patín en River Plate y tocando batería. Hasta que un día de 1981, cuando tenía 18 años, llamó a Laura Cerati, a quien había conocido en la piscina del club River. Quería invitarla a salir. Contestó su hermano, Gustavo. Entonces comenzó su vida como rockero con Soda Stereo, en 1982. No pasó mucho tiempo para que la fama del grupo se expandiera a toda velocidad por Argentina y luego América Latina: el 84 sacaron su primer disco, Soda Stereo. El 85, Nada Personal. A fines del 86 ya estaban realizando su primera gira por toda Latinoamérica y en febrero del 87, tocaron en el Festival de Viña. La consecuencia: 120 casos reportados de histeria colectiva. “Yo soy casi autista, tengo una cosa introspectiva, me costaba mucho hablar. Fue un desafío. Me decían: “Charly, vas a tener que dar conferencias” y sufría. Cuando vivimos la Sodamanía de Signos, Nada Personal, éramos muy chicos, no alcanzábamos a entender muy bien lo que pasaba. Recuerdo una vez que íbamos en una van hacia el aeropuerto acá en Chile. Venían 20 autos siguiéndonos y una chica intentaba  treparse al techo de nuestro auto. Gustavo nos miró y nos dijo: “Pensar que esto pasa por quince temas”. No lo podíamos creer. Quince canciones provocaban ese delirio tremendo”. El 89 superaron el primer millón de discos vendidos y en los 90, comenzaron a tocar en Estados Unidos y Europa. A esas alturas, Soda Stereo ya era reconocida como la banda de rock más importante de habla hispana y Alberti, de los cinco mejores bateristas del mundo, según medios especializados, el mejor de Latinoamérica. MTV les entregó un premio único, diseñado especialmente para ellos: MTV Award a la banda más importante de todos los tiempos en América Latina.

“Uno de los grandes éxitos de Soda no fue uno de sus hits, sino aprender a tener los pies apegados a la tierra.  Eso nos permitió durar lo que duramos, a pesar de tener diferencias, que ahora te das cuenta de que eran tonterías. A pesar de todo,  teníamos una prioridad: hacer música juntos. Todas las diferencias se acababan arriba del escenario”. Los tres, ensayaban todos los días, de lunes a lunes, entre 4 a 6 horas diarias. El resto del tiempo, estaban de gira. “Con Zeta y Gustavo nos convertimos en hermanos. Supongo que son las personas que más conozco. Pasé más tiempo con ellos que con mi familia o nuestras respectivas parejas porque éramos obsesivos hasta el extremo y tocábamos todos los días del año. Cuando pasa eso, generás inevitablemente ciertos roces”.

Los roces terminaron en 1997 con el quiebre. Con una mini gira de despedida de Soda Stereo por Latinoamérica. Con el último concierto de la banda en el estadio de River Plate en Buenos Aires el 20 de septiembre de ese año. Las gracias totales. Las gracias finales. Las especulaciones de las razones de la separación y 10 años de distancia entre sus integrantes. “No dejamos de hablar 10 años, ¿eh? La gente cree muchas cosas desde afuera. Creen que me peleé con Gustavo por Deborah del Corral (cantante argentina). Y a mí no hubo nada que me hiciera más feliz que ellos dos estuvieran juntos porque yo hacía años que no tenía nada que ver con Deborah. La conocía a ella, lo conocía a él y dije: “uh, me parece que ellos dos se pueden llevar mucho mejor de lo que yo me llevé con Deborah en principio”. No hubo un problema puntual por el que nos separamos. Sólo necesitábamos tomar distancias de la saturación. ¡Era como un matrimonio! Había saturación, nada más. No quería verlos porque estaba cansado. Todos estábamos cansados. Pero peleados nunca estuvimos”.

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“Soy una persona cuya cabeza va muy rápido. Me gusta el vértigo de la búsqueda. Las cosas importantes están fuera de tu zona de confort. Soy muy curioso. Me fascino con cosas nuevas y me paso horas aprendiéndolas”, dice Alberti quien después del final de Soda se reinventó en una faceta muy diferente: experto en tecnología. Antes ya había implementado algunos avances para la banda, pero una vez que terminó esa historia, Alberti fundó Cybrel Digital Entertaiment que generaba contenidos y aplicaciones con tecnología de avanzada para mercados de habla hispana. El 98, creó el concepto la Hora de Internet, que le compró la compañía Swatch. También URL Magazine, una revista sobre tecnología, y URL Records, un sello para música nueva, el portal de música Yeyeye.com y Musike.com, el sitio más completo en español para música electrónica. Alberti fue nombrado por el mismo Steve Jobs como Apple Master, el único de habla hispana que hay en el mundo.

Pero Alberti tenía una deuda pendiente: su interés por la naturaleza y su preservación. Cuando estaba en el peak de Soda Stereo, había intentado acercarse a Greenpeace que recién llegaba a Argentina en los 80. “Pero Soda estaba estallando y se veía muy lejano lo que yo podía hacer por las pobres ballenas”. Pero el 2004, cuando regresó a Argentina, Alberti retomó esta inquietud. Se acercó a Parques Nacionales e inició con ellos, una campaña de protección de los bosques. Lo nombraron Guardaparques Honorario. Conoció al ex vicepresidente de Estados Unidos y ecologista Al Gore a quien fue a ver durante su famosa conferencia en Nashville que aparece en el documental Una Verdad Incómoda. Alberti estaba ahí, en vivo. Cuando Al Gore terminó de hablar, llamó a la novia que tenía en ese entonces  a Buenos Aires y le dijo: “No debí haber venido, porque ahora no tengo vuelta atrás”. Comenzó a trabajar estrechamente con Al Gore para difundir los problemas del calentamiento global y el cambio climático. Pero al poco tiempo, se dio cuenta de que Al Gore no tenía tanta llegada en Latinoamérica. Que acá, debía haber portavoces creíbles y reconocidos por el público local. “Yo a la gente les pido compromiso. Cerrá el agua, usá menos el auto. Entonces tienen que saber quién es el tipo que les está pidiendo esto. Mi imagen influye mucho. Uno de los mayores problemas del ambientalismo es llegarle a la gente común”. Así fue como el 2011 fundó Revolución 21 que precisamente promueve el cuidado del medioambiente. “No hay contradicción entre la vida del rockero y la ecología. Para muchos la vida del rockero es fábula y otros se creen esa fábula. Yo pasé por todas las etapas porque es parte del aprendizaje. Pero a partir de los 30 años, corté. Ahí dije: “Ya estuvo bien, a partir de hoy soy distinto”. ¿Qué corté? Los excesos, las drogas, esas cosas. Las tomé a veces por tonto, de aburrido, porque las giras son muy tediosas y vos sos chico y no sabés cómo divertirte. Te atrapa esa tontería. Pero yo llevaba una vida más sana hacía mucho tiempo”.

Entonces Charly se queda pensando y dice: “La otra vez posteé algo en contra de la cacería deportiva de animales porque me parece deplorable. Tuve detractores y otros a favor. Uno me dijo: “¡Y ustedes los músicos que toman drogas!”. ¡Qué tiene que ver lo que hacés con tu vida personal que no influye a nadie, con lo que le hagas a un oso indefenso! Una cosa es ser asesino y otra es ser asesino de vos mismo. Yo hace 20 años decidí tener otra vida, ser limpio”.

Un poco antes de Revolución 21: el 2006, ya estaba dedicado a la causa ecológica cuando su pasado stereo regresó. A fines de 2005 empezó a gestarse la idea de un reencuentro: según el libro Soda Stereo, Diario de una Gira de editorial Sudamericana, una compañía de telefonía móvil ofreció mucho dinero para la reunión de Soda. De a poco, comenzaron las conversaciones entre el antiguo manager de la banda, Daniel Kon, y sus miembros, Zeta, Alberti y Cerati. Hasta que un día de 2006, Gustavo llamó directamente a Charly, por teléfono. “Pudimos decirnos todas esas cosas que no pudimos cuando éramos chicos. Esos 10 años de maduración no fueron en vano. Fue muy lindo. Cuando te volvés a encontrar, es fantástico, renace todo”, recuerda Charly. Los tres se juntaron en la casa de Alberti en septiembre de 2006. Entonces, decidieron anunciar su retorno, con la gira Me Verás Volver que el 2007 dio 22 conciertos en 9 países de Latinoamérica, dos de ellos en Chile.

Me Verás Volver fue un éxito comercial. La gira rompió records de venta de entradas. Resucitó la histeria colectiva de las fans. Al año, el grupo lanzó el dvd recopilatorio de la gira, Me Verás Volver, con canciones, curiosidades y un documental sobre el tour. La promesa, era reunirse cada cinco años para volver a tocar. La próxima oportunidad hubiera sido el 2012.

Pero el 15 de mayo de 2010, después de dar un concierto en Venezuela, Cerati sufrió el ataque cerebro vascular que lo mantiene  hospitalizado en la clínica ALCLA en Buenos Aires, en estado vegetativo, en coma, todavía, cuatro años más tarde. En mayo de este año, Alberti dijo al respecto: “Me dan ganas de cachetearlo, para que despierte”. Hoy su discurso es más medido, prudente: “No sé qué será estar en coma. ¿Está? ¿Estará? Algunos dicen que está. Pero miden con parámetros sin saber. La gente cree que Gustavo está durmiendo, pero él tuvo un accidente difícil. No es un golpecito en la cabeza. Yo tengo fe. Pero es más complicado de lo que muchos creen”.

***

“Cuando llegue a Buenos Aires, voy a dormir como un sapo. Estoy muy cansado”, dice Alberti arriba de la van que lo lleva raudo al aeropuerto de Santiago. Llegó ayer en la noche, hoy grabó desde las 8 de la mañana hasta ahora, las cinco de la tarde, para la campaña ecológica de una cadena de centros comerciales y ahora quiere regresar. Vive en Buenos Aires, solo, tiene gatas, duerme con una de ellas. Descansa poco: siempre está pensando y haciendo cosas nuevas. Ahora está en algunos proyectos musicales, aunque Mole, la banda que formó después del fin de Soda está en pausa hace mucho tiempo. También está planeando producir una cerveza. “Me gusta hacer cosas de calidad, pero masivas”, dice. Pero la mayor parte de su tiempo, la invierte en Revolución 21 y la causa ecológica. Ahora, en esta alianza de su fundación con Chile. En su vida cotidiana, hace aportes para reducir la contaminación. Recicla: en su casa tiene containers que separan vidrios, aluminios, plásticos, material orgánico y tiene gente que viene a retirar esos desechos para reutilizarlos. Dice que no enciende más luces de las que necesita. Que dejó el auto por una moto y que usa lo más puede la bicicleta. Que no usa bolsas plásticas, sino bolsas de tela para ir a comprar. Que con Revolución 21 está armando un plan de reforestación serio en Argentina y le parece muy bien el rechazo de Hidroaysén de parte de Bachelet. Que está en contacto con algunos personeros del gobierno chileno para hacer campañas medioambientales y que aceptó la propuesta de esta cadena de centros comerciales porque vio ganas, iniciativa.

  • ¿Pero no es el centro comercial lo menos ecológico del mundo?
  • Le veo la parte positiva. Para quejarse, todos podemos quejarnos en la casa. Quizás es parte de la evolución. La gente debe vivir en las ciudades porque vamos a necesitar los campos para los árboles y la comida. La idea es convertir a los malls en escuelas que den conferencias y tengan pantallas con mensajes. Para mí es importante acceder a esa gran masa, educarlos. Es mejor hacer eso que decir: “ay no, es un mall, no voy a hacer nada con ellos”. ¿Por qué no? Ya hicieron un mall sustentable con energías renovables, reciclan cosas, después será exigir que sus locatarios no usen más bolsas plásticas. Lo importante es comenzar por algún lado. Yo arriesgo con ellos. Si me equivoco, al menos lo intenté.

Alberti ahora tiene dos maneras de detenerse: arrancarse a la casa que tiene en el sur, cerca de Bariloche, dentro de un parque Nacional, a solas, para “estar con mis árboles, los pájaros carpinteros. Disfruto mucho de la naturaleza”. Lo segundo: correr. Corre al menos 3 kilómetros diarios cada mañana, desde hace 20 años.  “Intenté detenerme de varias formas, pero no lo lograba, me aburría, solamente podía hacerlo dormido.  Hasta que empecé a correr: salgo dormido, nada de café. Despierto y tac, a correr. Voy despertando en el camino. Me permite encontrarme con el día de otra manera, poner la mente en blanco. Si me preguntás qué me pasó en la corrida, no sé. Es una meditación activa”, cuenta.

La vida de Alberti ahora es más pausada y menos estéreo. Pero la gente lo sigue identificando con el grupo. Y a él no le molesta, como tampoco le molesta hablar de Cerati, del grupo, del pasado. Dice: “Haber sido parte de Soda fue lo que me permitió cumplir un montón de sueños, grupales y personales, tener una banda, tocar en grandes estadios, ser la banda más importante de la historia del rock en español. Me llenó de experiencias y y eso me hace otro tipo de persona. Eso es lo que me permite hoy poder llegar a tantas personas y tener esta plataforma. Es un orgullo y siempre lo va a ser”.

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