La trata de mujeres en Chile

Abril 2013.
Les ofrecen un buen trabajo en Chile, pero cuando llegan, las explotan laboralmente o las fuerzan a prostituirse. La trata de personas es un delito que ha aumentado en los últimos años en Chile. Las principales víctimas son mujeres y niñas que en nuestro país, aún se encuentran muy desprotegidas. Este es el panorama de un crimen organizado que ya cruzó nuestras fronteras.

La mujer era dominicana. Estaba aterrada y confundida. Así la encontró Carabineros el 25 de mayo de 2011: aterrada, confundida, encerrada con candado y completamente sola en una pieza en la que solo había una cama, en el club nocturno El Sol en San Antonio. Estaba muy delgada y desorientada. Apenas vio al policía que entró, en un gesto automático, se desabotonó la blusa: creyó que se trataba de un cliente más que había pagado por sus servicios sexuales.

Dos meses antes, mientras hacía una fila en Extranjería en Chile, M.P.F. había conocido a una compatriota, Gregoria Manzueta, quien se le había acercado y le había dado una tarjeta. Al hacerlo, le había dicho que ayudaba a otras dominicanas a encontrar trabajo en Chile y le ofreció un empleo bien pagado como garzona en un café. M.P.F., que a sus 34 años era viuda, tenía cuatro hijos en su país y una situación económica difícil, vio ahí una posibilidad para mejorar su vida y la de su familia. Y aceptó. Sin saberlo, había caído en una red de trata de personas que captaba a dominicanas ofreciéndoles trabajar también como cocineras o asesoras del hogar en Santiago. Los organizadores de la red mantuvieron a M.P.F. encerrada de día y de noche en una pieza en la que la obligaron a prostituirse con más de 100 hombres en 60 días. “Nadie me dijo que tenía que prostituirme. Pero a los pocos días en San Antonio, tuve que hacerlo. Me obligaron. No me quedó otra, me amenazaron mucho. Me sentí asquerosa”, dijo la mujer después de su liberación en su declaración judicial. M.P.F jamás se había prostituido antes y tras su liberación cayó en una profunda depresión.

La policía logró capturar a gran parte de esa red. El 31 de agosto de 2012, la justicia condenó a Gregoria Manzueta, Orquídea Ubiera-ambas dominicanas-y a las chilenas Alba Arancibia y Mariana Fuenzalida por los delitos de asociación ilícita y trata de personas a un total de 31 años de cárcel. Fue la primera condena que hubo en Chile por la nueva ley de abril de 2011, que tipifica y sanciona el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas con fines de explotación laboral o sexual. Un delito que según las Naciones Unidas constituye el tercer negocio más lucrativo del mundo después del tráfico de armas y de drogas. El 80 por ciento de los casos corresponde a explotación sexual y el 80 por ciento de las víctimas son mujeres y niñas.

Chile no es ajeno al problema. El delito de trata de personas ha ido aumentando poco a poco. Aunque no hay cifras sistematizadas al respecto, sí hay señales de este crecimiento: según el Ministerio del Interior, entre 2007 y 2011 hubo 113 denuncias relacionadas con trata de personas que involucran a 220 víctimas. La Defensoría Penal Pública reportó 10 imputados por delito de trata con fines de prostitución entre 2009 y 2011, y la fiscalía, 10 condenas de 103 investigaciones entre 2007 y 2012.

-Estamos frente a una de las expresiones más brutales de violencia en contra de las mujeres. Son susceptibles a ser atrapadas en estas redes que les prometen el oro y el moro porque las mujeres aún estamos en una situación de desigualdad en términos de posibilidades de trabajo e ingreso -dice Lorena Fríes, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Es una realidad  aún mal conocida en Chile. Pero poco a poco, a través de la prensa, se han revelado algunos casos. Como el que se dio en 2007 en Antofagasta, donde un hombre llamado José Castro publicaba avisos en diarios ofreciendo trabajo de mesera en un restaurante de la ciudad y facilitaba la entrada de peruanas al país. Luego, una vez que estaban en Chile, las hacía usar ropa interior transparente, bailar y tomar alcohol en su local. Veintidós peruanas terminaron prostituyéndose en el negocio y la investigación llevó a que se lo condenara a él a tres años y un día de cárcel.

-Antes se pensaba que en Chile se daban focos aislados de trata. Que Chile solo era país de tránsito. Pero los casos han ido aumentando y ahora no podemos desconocer que el país es lugar de destino, tránsito y origen de trata -explica Carolina Carrera, la directora de la Corporación Humanas, que promueve los derechos de género.

En los últimos años, se han hecho cambios legislativos favorables para las víctimas que también han llevado a una mayor conciencia del problema. Si bien hace años ya que el OS9 de Carabineros investiga la trata de personas en Chile, desde abril de 2011, cuenta con una facilidad más.

-Antes en la trata de personas solo estaba tipificado el delito para fines de explotación sexual. Con la nueva ley tenemos más atribuciones para investigar: agentes encubiertos, interceptaciones telefónicas, seguimientos – explica el capitán César Figueroa.

Fue después de eso que surgieron algunos de los casos más emblemáticos, como la denuncia por explotación laboral que hicieron tres paraguayos -dos mujeres y un hombre- en contra del empresario chileno Francisco Javier Errázuriz en 2011. El caso destapó que había más de cincuenta paraguayos trabajando junto con otros compatriotas en condiciones miserables y Errázuriz fue multado por tráfico.

De la misma manera, en febrero de 2012, la policía descubrió a un grupo de más de treinta peruanos trabajando en un fundo de Santa Cruz de la Sociedad Agrícola Vitivinícola Millahue. Estaban incomunicados, hacinados. Les pagaban mucho menos que el sueldo mínimo.

La trata de personas, el comercio de seres humanos para explotarlos laboral o sexualmente, tiene muchas aristas: operan organizaciones internacionales que captan principalmente a mujeres en condiciones económicas, sociales, y psicológicas vulnerables. Les ofrecen una supuesta oportunidad de mejorar su vida y la de sus familiares más cercanos. Pero cuando ellas aceptan y se vienen a Chile, los tratantes cambian las condiciones y las obligan, psicológica o físicamente, a trabajar en un círculo de esclavitud del que difícilmente pueden escapar. Carolina Carrera, de Humanas, explica:

-Muchas personas no entienden por qué no pueden escapar. Pero las amenazas son brutales: que van a hacerles daño o matar a sus familias de origen, que van a contarles a sus parientes que se vinieron a prostituir. Entonces a ellas las invade la vergüenza, también les retienen sus documentos. La casa es antigua y amplia. Tiene una cocina grande, un comedor, un par de baños y cuatro habitaciones con dos camas cada una. Puede albergar a diez personas. Por fuera, parece una casa común y silvestre. Pero no lo es. Es la primera y única casa de acogida que el Sernam, junto con el Instituto Católico Chileno para la Migración, Incami, tienen para mujeres víctimas de trata en Chile. Además de la nueva ley, la creación de esta casa de acogida es otro de los avances que ha habido en el país con respecto al tema. Actualmente viven ahí cinco mujeres, todas extranjeras, todas víctimas de trata.

La gran mayoría son víctimas de explotación sexual. Llegaron a Chile con la oferta de trabajar como meseras, asesoras del hogar o cocineras, pero terminaron siendo engañadas y obligadas a prostituirse y pagar un porcentaje de sus ganancias a sus tratantes. Las obligaron a trabajar sin descanso, a veces sin pagarles nada. Recibían clientes en departamentos, en la calle o en piezas de clubes nocturnos, y lo hacían en condiciones inhumanas. Hay casos ahí de mujeres que pasaron varios días sin comer porque con lo poco que tenían apenas alcanzaban a costear su alimentación o simplemente porque sus explotadores no les daban comida. Sus tratantes les decían: “En este país no vales nada”. “Nadie te va a creer si hablas”. Cuando tenían un minuto libre, eran perseguidas y vigiladas por gente que trabajaba para la red.

La directora de la casa de acogida -cuyo nombre no puede ser revelado por razones de seguridad- fue seleccionada para el cargo por su larga experiencia trabajando con mujeres víctimas de violencia doméstica. Desde la apertura del centro, en mayo de 2012, le ha tocado ver a numerosas víctimas. Cuenta que las mujeres llegan afectadas, pero no llorando ni pidiendo ayuda. Son introvertidas. La gran mayoría son silenciosas, herméticas, a veces, impenetrables. No creen en nada. Están a la defensiva. Se resguardan en el silencio presas aún del miedo y del estado de shock en el que están. Cuando llegan a la casa, están aterradas. Su autoestima está por el suelo.

-Se necesitan años de terapia para que procesen y sanen lo que vivieron. Acá solo superan el trauma inicial -dice.

Paula (nombre ficticio) fue reclutada en República Dominicana. Allí, un compatriota conocido le ofreció trabajar en turismo en Chile. Ella tenía estudios en esa área. Y la propuesta era difícil de rechazar: el hombre le prometía 1.500 dólares al mes. Al poco tiempo, Paula viajó a Chile. El mismo día en que llegó, en marzo de 2011, la mujer que la esperaba la llevó a una oficina en el centro, en calle Teatinos y le pasó un cuchillo: “Acá tienes que andar con esto. Así se trabaja en prostitución”. La mujer le dijo que debía captar a clientes en la calle San Antonio. Paula se negó. “¡No vine para esto! ¡No me voy a prostituir!”. Al día siguiente, la llevaron bajo amenazas hasta un burdel en Concepción. “La única manera de que ganes plata y se la mandes a tu familia en tu país es prostituyéndote”, le contestó Alba Arancibia, la regente del lugar. “Jamás pensé que iba a terminar en eso”, relató Paula en el juicio. Aún no le ha contado a su familia el horror que vivió en Chile.

Por la casa de acogida han pasado colombianas, argentinas, ecuatorianas, bolivianas y dominicanas. Aunque no ha habido chilenas, algunas ONG sospechan que en Chile también están apareciendo casos de trata interna. También se habla de chilenas que son trasladadas al extranjero, principalmente a Asia, para ser traficadas. La casa funciona como un hogar donde se distribuyen las tareas de cocina y aseo. Cuesta que sus integrantes se entiendan: sus costumbres son muy distintas y todas han vivido un trauma del que prefieren no hablar. La directora de la casa de acogida dice que, a pesar de su hermetismo, sabe que sienten vergüenza de lo que vivieron. Algunas se culpan por haber sido suficientemente ingenuas como para haber creído en el engaño. Le dicen: “Cómo fui tan estúpida de creer en ellos”. “Me siento humillada”.

-Es un balde de agua fría cuando te das cuenta de que te engañaron para usarte de esa forma -dice.Los casos más dramáticos son los de mujeres que llegaron a este centro de acogida con hijos nacidos en Chile y considerados “transeúntes” porque no tienen derecho a la nacionalidad. En las ONG dicen que incluso se han conocido casos de abortos forzados.

-Este es el machismo en toda su brutalidad: acá las víctimas también ven expuestas su integridad física, les dan poco de comer o nada y hay casos en las que los tratantes las hacen abortar cuando quedan embarazadas producto de la prostitución. Son tratadas como un objeto -dice Carolina Carrera. Y agrega:

-Cuesta mucho que denuncien porque están aterradas. Por las escasas opciones que existen de que las víctimas denuncien, la trata es un delito difícil de investigar. Carabineros del OS9 explican que llegan a los casos a través de pistas que surgen de otras investigaciones o, a veces, de manera muy indirecta, como denuncias de vecinos por ruidos molestos en edificios, o porque ven mucha circulación de extranjeras en algunos departamentos. En mayo de 2012, el OS9 desbarató una red de trata que obligaba a paraguayas a ejercer el comercio sexual en una casa en Las Condes. Carabineros logró dar con la primera pista gracias a una llamada de la fiscalía paraguaya que había detectado el traslado de una menor de edad de Paraguay a Chile a través del Paso Los Libertadores. El 2012 también se descubrió otro caso de trata con fines de explotación laboral: una mujer ecuatoriana, indígena, había sido traída al país con la promesa de un trabajo bien remunerado en Chile. Pero, al llegar acá, su tratante le quitó el pasaporte. La trasladaron durante siete meses por distintos pueblos del sur para vender en un puesto de feria artesanal. Le daban solo una comida al día y la mujer era forzada a dormir debajo del puesto que tenía en la feria, sobre el suelo. No recibió ni un peso en esos siete meses. En un minuto que tuvo libre, la mujer pudo entrar a un cibercafé, encontrar por Facebook a una antigua empleadora, también ecuatoriana, que vivía en Chile y contarle la situación en la que estaba. “Ayúdeme. No me pagan. Me obligan a dormir en el piso, No tengo mi pasaporte”, escribió. Ella le ofreció protección. “Tómate un bus inmediatamente hasta mi casa”, le respondió. Por mientras, la ex empleadora se contactó con la organización Humanas para pedirles ayuda.Hoy la Corporación ampara a la víctima mientras su caso está en un proceso de investigación que ha sido largo: el crimen de trata, además, es complejo de acreditar. La fiscal Carolina Suazo de la Fiscalía Centro Norte es quien más experiencia tiene en este tipo de delitos. Explica que, actualmente, hay veinte investigaciones en curso por trata. Dice:

-Lo complejo es que hay que acreditar que existía una red: alguien que acogió, recibió y trasladó a mujeres y que hubo un aprovechamiento de la vulnerabilidad de la situación de las víctimas. Hay muchos prejuicios relacionados: que estas cosas no pasan en Chile y corresponden a otra realidad, la creencia errada de que las víctimas se lo buscaron o que pudieron haber dicho que no o que para ser víctimas poco menos había que estar encerrada con grilletes. Además, todo el peso de la prueba recae en las víctimas. Y que declaren es muy difícil.

La directora de Humanas agrega:-Incluso ha sido difícil instalar en la cabeza de los jueces el tipo de delito: lo conocen, pero al final siempre está la duda: pero ella quería, sabía a lo que venía, en qué más te van a pagar tanta plata, se prostituyó, podría haber arrancado o pedido ayuda. Cuando trabajas con las víctimas, te das cuenta de que eso era imposible. Hay que hacer también un trabajo con los operadores de justicia para que conozcan bien el fenómeno.

Todos concuerdan en que la deuda pendiente es la desprotección en la que se encuentran las víctimas. Lamentan que no existan más casas de acogidas en las distintas regiones de Chile ni tampoco una política coordinada del Estado para proteger a estas personas.

-Ellas no tienen reparación. Hasta ahora solo se busca castigo a los perpetradores, pero las víctimas aún están muy desamparadas. Les cuesta mucho sacar visas temporales, no tienen residencia y eso les impide encontrar un trabajo. Tampoco hay una política destinada a la prevención. Antes la casa de acogida para víctimas de trata recibía sólo a mujeres que hubieran denunciado. Por cada víctima que denuncia, hay muchas mujeres más que no se atreven a hacerlo: una casa es insuficiente -dice la directora de Humanas, Carolina Carrera.

Actualmente existe una mesa de trabajo sobre el tema de trata y tráfico de personas en la que intervienen distintas instituciones: el Sernam, Ministerio Público, distintas ONG, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, la PDI y Carabineros. Y ha habido ciertos avances: hoy la casa de acogida recibe a víctimas derivadas del Ministerio Público cuando han realizado alguna denuncia, pero también cuando se han acercado a una ONG u otra persona pide ayuda por ellas mientras las víctimas siguen inmovilizadas por la amenaza y el miedo.

-Sería ideal avanzar en la reparación. Por ejemplo que los bienes incautados a estas redes sean destinados a comprar los pasajes de las víctimas para que regresen a sus países si lo quieren o para reparación psicológica. Pero una respuesta del sistema judicial ayuda en parte a la reparación. Las ayuda a decir: “Estuve en esto, salí, hubo una sanción y me siento reivindicada en mi dignidad como persona” – dice la fiscal Carolina Suazo.

En promedio, las mujeres víctimas de trata permanecen entre cinco y seis meses en la casa de acogida. Se van cuando se sienten en mejor pie para mantenerse por sí mismas. Cuando encuentran otro trabajo y están en condiciones de enviar remesas a sus familias.

-Superan el trauma inicial en la casa, aunque una reparación emocional profunda es muy larga. Pero, para ellas, ese no es tema. Su mayor interés es la subsistencia, más que apoyo emocional: ellas vinieron a eso a este país, a mejorar su calidad de vida, a trabajar y eso lo tienen siempre muy presente -dice la directora de la casa.

Por eso, aunque hay algunas víctimas que prefieren regresar de inmediato a su país de origen, la mayoría permanece en Chile para trabajar, reunir dinero para sus familias y regresar en un mejor pie económico. La directora de la casa de acogida dice que lo que más admira de ellas es su resiliencia.

-Tienen una fortaleza interna enorme, la esperanza de que las cosas pueden ser mejores a pesar de todo lo que pasaron -dice-. Asumen los costos y siguen adelante.

 

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