Vecinos Furiosos

(Revista Paula, 2007)


Los otros
“Soy una vecina c3 a quien nadie pesca. Vivo en las Torres San Borja, pero mi torre es la única que no está enrejada. Como consecuencia, hace más de un año se vinieron a alojar indigentes curagüillas debajo de mi torre. Son alrededor de treinta personas que duermen, cagan y mean en mi entorno todas las noches y el domingo completo justo debajo de mi departamento, en una zona techada donde hay locales comerciales. Y me tienen hasta la tusa. Porque yo lamento un montón la pobreza, pero no avalo abandonarse, acomodarse y cagarle la vida al resto. Y eso es lo que hacen aquí: se pelean a botellazos, he visto a una mujer ser arrastrada por el pavimento por su pareja en la noche, dejan huellas de sangre en el suelo y a veces me despierto escuchando berridos de una tipa que se pelea todas las noches con su peor es ná. O sea, el barrio ahora es una película de terror. Además, como hacen todas sus necesidades en el entorno, en la entrada de mi edificio y en de la de todos los locales – incluido un laboratorio médico de la UC – hay enjambres de moscas. Tienes que andar con la boca cerrada, por que si no, te las tragas. Es un asco. Y lo otro es el ruido: gritan, pelean y por supuesto, hacen grandes eventos con la radio a todo chancho hasta las tantas cuando vienen los tíos del Hogar de Cristo a darles comida. Porque aparte de todo esta gente está mejor atendida que en un resort. Todas las mañanas vienen estudiantes de la Universidad Católica a traerles desayuno y en las noches las almas caritativas del Hogar de Cristo les dan comida. Entonces ellos no quieren irse, porque están bien regaloneados, por supuesto por gente que no tiene la desgracia de vivir acá. El problema en mi torre es que los locales comerciales hicieron un complot para que no pusieran reja y coimearon al director de obras municipales de Santiago para que no dejara instalarla, a pesar de que la mayoría quería enrejar. Todo se debe a una locataria, una vieja alcahueta que dice que le disminuiría la clientela con reja, pero que ahora vende comida en este antro de moscas. En los medios ha salido este tema, pero siempre desde el punto de vista de los pobres mendigos. Siempre dicen que los vecinos no quieren hablar. Pero yo sí quiero. Voy a empezar una guerra con tutti en la que pasaré desde la formalidad con el alcalde Alcaíno hasta la amenaza de muerte al administrador de mi edificio. A joder y a joder. Es que tengo rabia. Tanta que el tema de los mendigos ha sacado a la neonazi que llevo dentro”.

Chicas de mi barrio
Álvaro González, abogado y Presidente de la Junta de Vecinos que agrupa al Barrio El Golf.
“Cuando travestis y prostitutas entraron hacia barrios residenciales para camuflarse en medio de los árboles, comenzaron las quejas de los vecinos. El comercio sexual trae drogadicción, robos y peleas y además, transforman el entorno en un basural. No es agradable salir con un niño que va al colegio a las siete y media de la mañana y tener que apartar condones, jeringas y paños higiénicos del pasto. Tampoco que sus hijos, cuando vuelven de una fiesta, tengan que ser agredidos verbalmente por estas personas. Yo no soy moralista y creo que cada uno puede hacer de su vida un sayo, pero no tengo derecho de exhibir mi vida íntima y tratar de que sea un ejemplo para el resto.
Antes el tema estaba controlado. Pero ahora Carabineros no se puede llevar detenido a alguien que atenta en contra de la moral y las buenas costumbres. Por eso, cuando 700 vecinos le pedimos al alcalde (Francisco) de la Maza que hiciera algo, él ideó regular el tránsito en esas calles para no dejar que los señores que requieren de estos servicios, recogieran gente. Pero inmediatamente le pusieron un título dramático al asunto: “El guetto del barrio de los pirulos”. Y el Ejecutivo, que es quien debiera hacer algo, boicoteó la medida a través del legislativo. ¿Qué pasó? Los travestis y prostitutas dijeron “esto es jauja” y el problema aumentó. Ahora se sienten libres de hacer cualquier cosa y los vecinos sentimos una frustración terrible. Ahora todo es derechos humanos, pero nada de obligaciones. Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Agarrarlos a balazos? ¿Crear una milicia popular para cuidar el barrio? No. Mientras más cultura tiene uno, más ataduras tiene a la sociedad. Entonces no reaccionamos como debiera ser, sacándolos a patadas de aquí. Un barro rojo podría ser la solución, pero ¿dónde lo instalo? ¿Al lado de su casa o al lado de la mía?”.

Casa fantasma
María Angélica Ciampi, ex secretaria de la embajada de Uruguay, jubilada.
“He vivido toda mi vida en esta casa y nunca había tenido problemas. Hasta que hace cinco años abandonaron una casa vecina donde había una sede de Fonasa y llegaron cabros con mala pinta a dormir ahí. Salen en el día, pero vuelven en la noche. Cuelgan ropa, se pasan por los techos de nuestras casas y tienen la inmundicia más grande: el patio está lleno de basura y además, hacen sus necesidades. Todo el día hay mal olor y hace tres meses encontré un tremendo ratón en mi escalera. Casi me morí. Fui a comprar venenos, pero se los comieron y no les pasó nada así es que compré una cuestión que los disecaba. También ha habido seis amagos de incendio. Como la gente que pasa por la calle tira colillas, la basura prende como yesca seca. Una vez las llamaradas estaban hasta la altura de la reja. Por eso me da miedo dejar mi casa sola. Desde hace seis años nos turnamos con mi hijo para quedarnos. No podemos veranear juntos y esto ya no es vida. Ya hice de todo y no pasa nada. Fui a la municipalidad, donde citaron a los dos médicos que son los dueños de la casa, pero no aparecieron. He mandado dos cartas al Sesma, he llamado seis veces a Carabineros y sacan a los cabros drogados totales, pero siempre vuelven. Fui a todos los canales, pero no me pescaron. Llamo y llamo a los dueños de la casa, pero no contestan el teléfono. Hasta pensé en ir al Colegio Médico, pero ya tiré la esponja. Quizás los chicos no tienen casa, pero al menos que sean limpios. Cómo viven en esa mugre, digo yo. Estoy segura de que si yo tuviera mi casa así, me pasarían un tremendo parte. Entonces me da una rabia… Ya no duermo pensando si hay incendio o si se están pasando ratones. No hallo qué hacer. Como nadie me da bola, me siento una pichiruchi. Pero voy a seguir insistiendo: juntaré firmas de los vecinos e iré de nuevo a los canales de televisión con fotos de la casa para que los dueños la vean en ese estado deplorable y por último, les dé vergüenza”.

Vecinos lanzas
Josefina Fernández, guionista Floribella.
“En febrero de 2005 arrendé un departamento súper rico en un primer piso, en Hernando Valdés Riesco con Montalbán. Mis vecinos eran unos viejitos y una mamá con cuatro hijos: dos niñas de 20 y 17 años y dos niños chicos que siempre me pedían agua caliente, azúcar, fósforos, y yo les daba. Me caían bien, aunque por el administrador sabía que vivían con velas porque no pagaban los gastos comunes y que el dueño del departamento, que se los había prestado, estaba arrancado por protesto de cheques. Bueno, en julio del año pasado hubo un incendio en su departamento y la familia desapareció cuatro meses. Volvieron en verano de este año, pero la mamá dejaba a las niñitas solas. Se armaban carretes donde llegaba mucho cabrerío y todos se pasaban por mi patio y saltaban la pandereta. Un fin de semana me fui a la casa de mi mamá y cuando volví el lunes, mi departamento estaba patas para arriba. Me robaron todo lo eléctrico y mi computador. Llamé a los pacos, pero pasó. Hasta que un día cuando volví del trabajo, vi que habían sacado los candados de mi ventana. Los carabineros me dijeron que quizás volverían en la noche porque no habían entrado. Me dio terror. El día anterior uno de mis vecinos había visto a una de las niñitas con su pololo, mirando con linternas dentro de mi casa, así es que pedí vigilancia especial e hice una instalación con candado, púas, muebles, de todo. Al día siguiente decidí irme, pero la última semana fue terrible: ponían reggaeton a todo chancho y llegaba mucha gente mientras yo trabajaba en mi casa. Era tortura sicológica. ¿Cómo les iba a tocar la puerta? Eran puros pendejos lumpen y no sabía si estaban curados o volados. Para más remate, el último día que estaba ahí, Colo Colo salió campeón y ¡todos eran del Colo Colo! Gritaban como locos. Fue horroroso. Tenía tanta rabia que hasta pensaba en echarles una maldición. Sé que ahora la dueña del departamento puso una pandereta gigante, con alambres de púas, y parece que arrendó el departamento. Pero me dio mucha rabia tener que irme de ahí”.

El patio floreado
Rosa González e Hipólito Améstica, dueños de casa en Las Rejas Norte.
“Mi marido compró esta casa en 1971 y yo me vine con él en 1984, cuando teníamos guagua. Nos gusta este barrio porque tenemos equipamiento, supermercado, farmacia y locomoción para adónde sea. Todo está a la mano. Pero el 31 de agosto nos llegó una carta del Serviu diciendo que nos iban a expropiar porque iban a hacer un corredor del Transantiago en nuestra calle, aunque sin decir cuántos metros ni cuánto nos pagarían por ellos ni cuándo serían las obras. Dos días después, apareció una asistente social a encuestarnos. Venía con un plano y como los vecinos no teníamos ninguna información, se lo pedí para escanearlo. Ahí supe que querían expropiarnos entre cuatro y seis metros desde la entrada de la reja hacia nuestra casa. Entonces partimos al Serviu, pero nos dijeron que el proyecto estaba paralizado porque el Líder se había opuesto. Ese día llevamos con mi marido una alternativa diseñada que en vez de cuarenta metros, ocupaba 34. Con ese perfil de 34 metros, no afectarían nuestro patio donde cultivamos amapolas, flores y plantas. Es nuestro espacio de juego, donde creamos y además, donde conversamos con nuestros vecinos o con gente que se acerca para ver las flores. Además, aunque nos dijeron que el asunto estaba paralizado, ahora pasan todos los días tipos de Chilectra viendo los medidores, considerando el plano inicial de los cuarenta metros. Los de Chilectra no saben o nos están engañando para que nos quedemos tranquilos y después nos van a expropiar igual. Por eso estamos en pie de guerra, pero de forma técnica, no metiendo bulla ni paseándonos con carteles porque así no sacaríamos nada. Creo que ningún vecino se opondría a que le expropiaran dos metros, pero no seis. Nos sentimos pasados a llevar. Nuestras casas son sólidas, bien cuidadas y jamás se deterioraron. No es justo que nos expropien así como así”.

Infierno en el paraíso
Pedro Rodríguez, ingeniero ambiental, Casas Parque Quilín.
“La primera vez que las vi, estas casas del Parque Quilín eran una maravilla: el pasto estaba como alfombrita y las casas eran preciosas. Por eso compramos en abril de 2005, pero ya dejó de ser tan agradable vivir aquí porque tenemos varios problemas: el pasto está largo porque la Municipalidad, que está a cargo de la mantención de las áreas verdes, no viene casi nunca a cortarlo. Se empezó a llenar de malezas donde la gente tira basura y escombros que nadie retira. Además, cuando compramos no teníamos idea que unas cuadras más allá iban a poner las casas Chubi ni que iban a construir al lado, un jardín para niños en riesgo social, o sea, niños cuyos padres han estado en la cárcel o tienen problemas de alcoholismo y drogadicción. Es complicado porque ha empezado a venir gente que no tiene que ver con el conjunto a darse una vuelta, a tantear. Ya hubo cuatro robos, pero si tú no llamas a los Carabineros, no vienen nunca. Además, está el tema de la rotonda Quilín que quedó fabulosa cuando hicieron el metro. Para la inauguración vino la Presidenta, el pasto estaba soplado, pero ahora, tiran basura, se robaron las rejas y a las 11 en punto está lleno de prostitutas. Compramos acá porque era un lugar tranquilo, pero no es así. Ahora nos sentimos aislados y discriminados por la acción municipal. Me siento frustrado porque no hay apoyo ni respuestas. No sé si tiene sentido seguir así o mando todo a la porra. Con los vecinos se nos ha ocurrido mandar a la punta del cerro a la Municipalidad y empezar a ver cómo contratamos un jardinero y le pagamos entre todos, pero no todos pueden porque todavía están pagando sus casas. La rabia que me da es que no debiéramos estar preocupados de estas cosas. Pero si no veo soluciones, podría empezar a pensar en irme y vender, aunque lo que me pagarían por mi casa, a duras penas me alcanzaría a pagarle la deuda al banco”.

Los pelotas del arco
Eduardo Bascuñán, pensionado, casas Portal Oeste, Cerrillos.
“¿Ve esos arcos sin malla? Ésa es una cancha de fútbol clandestina. Un terreno municipal pelado donde los vecinos de la villa queríamos construir una sede comunitaria para reunirnos. Pero en noviembre del año pasado, un grupo tipo mafia que vive aquí, instaló dos arcos. No le preguntaron a nadie e hicieron la cancha. Desde entonces todos los fines de semana tienen un show de pelotazos en nuestras casas. Un vecino ha tenido que cambiar un montón de veces las tejas de su techo y nosotros, tuvimos que levantar una reja y ponerles protección a las ventanas. No podemos estar en el patio, aunque mi señora es la que más sufre porque tiene enfisema pulmonar y viera la polvareda que levantan. Pero uno habla con ellos y ¡echan una de garabatos! Cuando salgo de mi casa, me pegan pelotazos de adrede. Hace poco vino el alcalde, pero cuando dijo que quería poner una sede en ese terreno, lo empapelaron a garabatos. Entonces al alcalde le dio miedo y nos dio la contra. Lo que no entiendo es por qué no nos preguntaron a los demás vecinos. Quizás hubiésemos colaborado para hacer una buena cancha con arcos con mallas, cemento y barreras, pero no. Esta es una villa sin ley. Un día hasta le pegaron a mi hija. Cansada de que le dieran pelotazos a su camión de trabajo, ella fue y les cortó las mallas. Vinieron dos tipos, le pegaron combos, patadas y le tiraron piedras y quedó moreteada. Por eso me da una impotencia y una rabia… Quiero que alguien le ponga atajo a esto, pero la Municipalidad no hace nada. Si fuera un gallo maldito, los agarro a fierrazos, pero no es la idea. Uno no se va ensuciar las manos, aunque dan ganas. Pero como vienen con maldad y venganza, uno vive atemorizado. Y con la rabia de que nadie hace nada”.

La granja interactiva
Marisol Santelices, Blocks e Grecia, vecino con animales, pájaros y perros mal olor
“Mi vecina tiene animales desde el 2004. Ahí empezó a criar gallinas, pájaros, perros y hasta ratones en el patio que va pegado al mío. Ahí teníamos una pandereta bajita con ligustrinas, una terraza con pasto con una mesa y sillas. Pero desde que empezó el problema, no nos podemos sentar acá a comer algo por el olor a mierda de sus animales. Ella tiraba toda la caca de sus animales a la vereda, así es que olvídate cómo estaban las moscas y el olor acá. Llegaron hasta moscas verdes. Era una cochinada inmensa. Dentro de mi casa teníamos que prender inciensos para soportar el hedor. Regabas y las moscas salían en medio de las ligustrinas. Se empezaron a pasear los ratones por mi casa. Además, mi pasto se destruyó con el agua con cloro que tuve que tirar para combatir la hendiondez de al lado. Por eso fui a la Municipalidad, a Carabineros, al Sesma, a qué lugar no fui. Lo último que pasó fue en febrero, cuando vino un inspector del Sesma y no le dijo nada porque había limpiado, aunque después de eso por lo menos dejaron de tirar caca a la calle. Pero dije “basta” y en junio puse un muro hasta arriba para separar los patios. Tenía tanta rabia que llegó un momento en que me dieron ganas de sacarle cresta y media en la calle. Incluso me empecé a agarrar con mi marido porque sentía que él no me apoyaba, que no daba la cara como hombre. Caí en una depresión por todo este desgaste, perdí mi trabajo porque dije: “hasta aquí llego” y estuve en terapia. Fueron tantas cosas, que el estrés se acumuló. Es la impotencia de que no encontrar qué diablos hacer. Por mí, que ella se fuera de acá, pero creo que va a ser imposible. Le tengo mucha rabia porque nunca fui una mala persona con ella. Ahora trato de ignorarla, de no acordarme. Pero cuando la veo en la calle, me vuelve a dar la furia”.

Como perros y gatos
Angela Noches, vecina de Las Condes, trabaja en marketing en Hewlett Packard.
“Con mi marido, compramos esta casa el 2002. Apenas la vi, me enamoré de ella. Pero al mes de cambiarnos, vimos ene moscas y sentimos mal olor. Empezamos a conversar con los vecinos, un matrimonio que viejitos y ella me dijo: “Acostúmbrese, porque la otra vecina tiene muchos perros en su patio”. Ahí nos dimos cuenta de que en la casa de la esquina, la señora tenía muchos perros y gatos y que de ahí venía el olor. Mira: yo no estoy en contra de tener uno o dos perros, pero no se puede tener tantos en un barrio residencial y sin las condiciones necesarias. Es irresponsable de su parte. Por mi casa, pasan los gatos por el techo, hay moscas y una hediondez terrible. En el verano, es más asqueroso porque el olor aumenta. No puedo colgar ropa porque se impregna del olor y el año pasado tuvimos que poner una malla para que no se nos pasaran gatos y perros a nuestro patio. Incluso este tema me ha limitado para invitar gente a mi casa porque me da vergüenza que sientan algún olor raro. La vecina es súper descuidada porque deja las bolsas de la basura en la calle en horarios en el que el camión de la basura no pasa, entonces quedan dos o tres días las cosas ahí. Por eso en mi casa, fumigamos cada tres meses y la nana echa Tanax todos los días para evitar que entren moscas y el hedor. Pero mi vecina, cuyo marido tenía alzheimer, no resistió y los dos se fueron por los ladridos y los olores. Además, siempre tenían que estar arreglando su rejita porque se metían perros y gatos a su patio. Para mí es complicado, pero no me quiero ir de la casa. Mi marido sí. Dice que le molesta bastante y que si pudiera vender, lo haría. Él me dice: “llegó la reina del Tanax”. Pero es que por ahora, no me queda otra”.

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