Tomás Cox: “Soy el mejor, soy una fiera”

(Revista Fibra, 2004)

Es meticuloso, formal, ordenado, obsesivo, caballero y controlado hasta decir basta. Tomás Cox, el productor de eventos que organizó el matrimonio Bolocco- Young y que ha entrevistado a más de quinientas personalidades en su programa Cara a Cara corre todo el día. Pero no se cansa. Cox está como tuna. Todo gracias a algunas de las mil manías que tiene. No toma, no fuma y sólo se viste de azul.

Tomás Cox (54) baja corriendo las escaleras de su oficina. Una reunión se ha alargado más de lo previsto y está incómodo con ese atraso. Porque Cox es un hombre puntual. De hecho uno de los lemas que se repite es “rigor y fuego”. Y eso se le nota. En sus uñas perfectamente cortas, en sus mocasines relucientes, en la prolija barba que lleva desde que tiene 18 años. Impecable de pies a cabeza. Así va a su programa de radio Los Unos y Los Otros en Radio Agricultura, a las entrevistas en el programa Cara a Cara de La Red y a su productora Tomás Cox Limitada con la que ha organizado los eventos más rimbombantes del jet set criollo. Algunos de ellos: el matrimonio de Cecilia Bolocco con Michael Young, el de Gonzalo Cáceres con Sarita Vásquez y el de Marcelo Chino Ríos con Giuliana Sotella. Pero durante su infancia Cox estaba lejos del glamour y el brillo de los eventos sociales. Creció en Portezuelo, séptima región, junto con sus padres y sus seis hermanos. Allí aprendió a cazar lagartijas, a bucear y a montar a caballo. Siguiendo por el rumbo de la naturaleza, estudió seis meses agronomía, estuvo otros seis en Estados Unidos y volvió a Chile donde se recibió de periodista en la UC. Fue director por tres años de la agencia Orbe y luego dirigió el noticiario de ChileFilms. Y sólo tenía 28 cuando creó la productora que hoy lo mantiene vigente e hiperactivo.

Habrá escuchado que dicen que Ud. es un british. Qué cosas de british tiene y cualés no.
Yo fui educado en forma austera, bastante rigurosa y sobria. Puede parecer un contrasentido porque yo produzco peloteras, fantasía y excesos. Pero soy dos. Yo y el que hace. El Tomás Cox privado es puntual, no dice nunca garabatos.
¿Ni cuando se cae?
Es que en general no me caigo. No soy garabatero, me cargan los garabatos y se los tengo prohibidos a mis hijos. Soy puntual, en eso soy british, organizado, introvertido, solitario, brutalmente exigente conmigo y con los demás y me gusta el Manchester. Me encanta. Y me visto de azul hace muchos años. No sé si será muy british, pero me visto de azul.
¿Y qué otras mañas tiene el Tomás Cox privado?
Todas. Todas. Siempre tengo un pañuelo en el bolsillo derecho, lavo el auto una vez a la semana, grabo el Cara a Cara desde la misma perspectiva de la silla, me ducho en el mismo baño del hotel Real Pacific, en la misma ducha, la que está pegada a la ventana, uso el mismo shampoo, la misma pasta de dientes, me estaciono en el mismo lugar en la radio, en el mismo lugar en la Red, en general no salgo nunca los domingos de mi casa, uso la misma agenda Ascot hace diez años, no tengo tarjetas de crédito. Yo hago 60 eventos en el año, tengo 305 noches desocupado. Hago 52 Cara a Cara al año, hago unas 60 clases, 60 eventos y 800 horas de radio en directo al año.
¿No hace terapia con tanta cosa en la agenda?
A mí mucha gente me pregunta qué gustos me doy. Mi gusto es hacer, comunicar, construir, lograr. Amo lo que hago. Siempre tiene que resultar. No me perdono ni una.
Cuando falla ¿se frustra mucho?
No. Soy Leo. Miro para adelante, siempre para adelante. Mañana me voy a superar. Tengo mil defectos, pero soy un luchador feroz, no conozco otro así. Salgo de mi casa pensando ´soy el mejor comunicador y el mejor productor de eventos en Chile lejos´. Pero eso no es una afirmación, sería un estúpido, es una aspiración. Siempre tengo hambre. Y no es hambre de facturar, es hambre de hacer. De lograr. Ésa es mi debilidad.
¿Y no se siente amarrado por sus manías?
No. Lo del azul lo hago porque es un color práctico, elegante, ya está elegido. A las 7 de la mañana yo no me pregunto qué me pongo. Me sirve para la televisión, para la radio, para conversar contigo, para ir a un evento social, para trabajar en exteriores. El tiempo libre es para pensar en hacer, en discurrir. Yo si no discurro me muero de hambre.
¿Qué le dice su señora de estas mañas?
Se ríe y se enoja, pero me deja el espacio. Que me vista de azul hace diez años le da una lata horrible. Yo no como en los eventos en que soy invitado o que produzco. Yo degusto en la previa, pero no consumo. Yo como en mi casa a las 4, 5 de la mañana ensalada, leche y agua mineral a las seis me ducho aunque tenga que volver a levantarme a las siete. Son rigores, sistemas que no he cambiado nunca, pero que son mi manera de aparecer.
¿Y nunca le ha bajado una curiosidad loca por experimentar otro sistema?
No. Porque andar limpio y cambiarme cinco veces de camisa al día por una del mismo color, ducharme dos veces en el día y dormir una siesta de quince minutos a las 2:15 en el locutorio de radio Agricultura y amanecer renovado para las tres es incambiable y demasiado bueno. Y este yogurt es fantástico para el estómago. Para qué cambiar lo bueno. Así yo doy, rindo, cumplo, llego a la meta con lo mejor. Siempre les digo a mis equipos: no somos los más talentosos. Yo no soy el más talentoso ni el más creativo. Hay muy buenos productores de eventos en Chile, pero soy por lejos el más luchador. Bravísimo.
¿Es cierto que cuando niño comió pasto?
Sí, pasto y todavía como cebolla cruda. Me como una cebolla todos los días. Tiene oxígeno, limpia, revitaliza. Yo no fumo, no tomo, nada. Para vivir al cien, hay que estar al cien. Amo la vida y para vivirla hay que estar y dale, dale, hacer y trascender y luchar y crear y repartir y si nos caemos, nos levantamos. Trabajo hace 28 años con la misma gente, somos luchadores. ¿Tú conoces a algún personaje público que tenga el mismo celular hace diez años en la guía de teléfono? Yo. Ahí está en todas partes. Siempre está prendido, no está hecho el buzón. La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Comunicación es estar abierto a la hora que quieran. Yo no arranco. Es exactamente al revés. Yo saludo a todo el mundo en la calle, doy la mano, trato de usted.
Cómo fue la llegada a Santiago desde el campo.
Yo tenía doce años y fue un drama porque llegué al San Ignacio de Pocuro y mis compañeros usaban pantalones largos y mocasines y yo llegué con pantalón corto, bototo y pelos en las piernas. Era chiquito y no conocía los códigos de la ciudad. Y me pegaron, me pegaron tanto que me retiraron a mitad de año y me pusieron en un colegio maravilloso como era el Notredame. Completamente distinto. Heterogéneo, sencillo, pobre, sin vidrios en las ventanas donde mi compañero de banco era hijo de una empleada doméstica, donde fui boy scout.
Rara esa combinación de caballero inglés con una infancia a lo Tarzán
Claro. Lo que pasa es que recibimos una buena educación, muy libre. Era un mundo donde la alabra valía y mis amigos eran los campesinos de allá. Lo que ha dominado en mi vida profesional ha sido el entusiasmo. Y siempre por la solucionática, no por la problemática porque por la problemática no llegamos a ninguna parte. Por la solución, la solución. Poder alimentar a toda a una familia siendo productor de eventos es un milagro. Y este milagro yo lo he sustentado trabajando como una fiera.
¿Cómo se le ocurrió a los 28 años poner una productora?
Lo que pasa es que la necesidad crea al órgano. Después de ser cabeza en Orbe y en Chilefilms, dije ´ tengo que ganarme el pan y me lo voy a ganar solo´. Coincidió con que un amigo me dijo, Tomás, necesito tener para mañana dos chiquillas buenas mozas, un pancito con unas bebidas, unos quesos. Yo lo hago, le dije y ahí partí.
Y cuándo puso la productora se imaginaba que podían ser estos los resultados.
No. Yo he producido el matrimonio Cecilia Bolocco –Michael Young, Sofía Loren en Chile, diez vueltas en Chile, Diez Años Nuevos ENTEL, quince años La Noche Alba de Colo Colo. He inaugurado centenares de empresas, edificios, malls, boutiques, he hecho desfiles de moda, el cambio de siglo en La Serena. Mi verdadero competidor es mi imaginación. Voy por más. Solo como me ves. No me conformo con nada. He soñado con producir la resurrección de Cristo.
¿…?
He soñado la cordillera, la aparición, he soñado a los chilenos en un valle. Esos son mis sueños. Soñar es gratis.
Se enojaría harto la Iglesia Católica con ese sueño
Probablemente. Hice el matrimonio de Marcelo Ríos, de Marcelo Salas y voy por más. Si me llamas para el cumpleaños de una guagua con una vela y un invitado y esa noche yo estoy cesante, yo voy y produzco una maravilla con un peso. Voy a todas. Todo el mundo me dice, pero Tomás a estas alturas de tu vida tienes que seleccionar. Eso déjenmelo a mí. Porque si a tus cinco invitados los maravillo, tú vas a hablar los próximos veinte años de mí maravillosamente bien y tus invitados también.
Y cuál ha sido la producción más chiquitita que ha hecho
Un cumpleaños para cinco personas un día cualquiera en que estaba cesante. Yo he hecho cumpleaños de abuelitas en Malloco. Entre mover la máquina y no moverla, mucho mejor moverla. De doscientos mil pesos para arriba, vamos a la guerra. Yo por un peso me bajo del auto. Obvio. A mí nadie me ha regalado nada. Mañana se me cae un escenario en la cabeza, ¿quién le va llevar el pan a mi familia? Nadie. Yo podré vivir de pan y de cáscara de papa porque soy guerrero de nacimiento, pero los demás no son así. Porque vivimos en una selva. Acá no se salva el que quiere, se salva el que puede.
¿No es una sensación exagerada del riesgo?
Sí, pero si no fuera exagerada la sensación yo no habría acometido los molinos de viento que he acometido.
Desvirgando almas
Acurrucado en su sillón del Hotel Real Pacific donde realiza las entrevistas del Cara a Cara, Cox logra un curioso efecto en sus entrevistados. Les clava los ojos, se queda en silencio y los invitados, que ya son más de quinientos luego de diez años al aire, se ven como si estuvieran en el living de su casa. Y hablan. Algunos lloran. Se relajan. Frente a la mirada de Cox, Omar Gárate reconoció que su pulserita de los once poderes era sólo ilusión, Tatiana Merino contó sobre su relación con Álvaro Salas entre lágrimas y Gabriel Valdés confesó no haber terminado nada bien en su vida. “Hay un silencio sepulcral porque esto es un confesionario. No hay sonopromter, ni coordinador de piso, ni imbéciles que me estén gritando, ni papeles, ni pizarras, ni nada. O estoy informado o no estoy informado”, cuenta. Alto el riesgo. Porque Cox sabe sólo cinco minutos antes de la entrevista a quién tendrá sentado al frente.
Cuál ha sido el entrevistado que más lo ha sorprendido y por qué.
Todos. Cuando yo tengo al frente un entrevistado, el alma humana siempre está virgen, a mí me parece así. Soy siempre el primero. ¿Y quieres que te diga? Normalmente siento que he sido el primero. Las entrevistas son muy marcadoras, no se editan, no se compaginan, no se arreglan. Es una conversación real.
¿Tiene algún comodín, alguna técnica al entrevistar?
Técnica espontánea. No respiro, ni pestañeo y me voy como encima. La cámara tiene que ir a la cabeza. El Cara a Cara es cine por lo tanto se crea un ambiente claustrofóbico. Y no te apuro. Y si quieres estar los 45 minutos en silencio es tu derecho. Yo no voy por la lágrima. Después de diez años uno se convierte en un gran boxeador. Yo al segundo golpe podría dejar knowout al entrevistado y el programa debe durar 45 minutos así es que de pronto voy dosificando. Esto es como la película 400 Golpes. La espada finalmente va a llegar. Pero no es necesario romper, vamos de a poco. Yo acojo y espero y entro y vuelvo a esperar.
Qué tipo de reacciones o actitudes de las personas ha logrado conocer después de tantas entrevistas ¿hay algunas en común?
Los invitados llegan como a más de lo mismo. Y después de tres, cuatro minutos se dan cuenta de que estar conmigo no es más de lo mismo porque yo miro y callo y no pregunto casi. Y nadie se imagina que esto va a ser así. Entonces qué pasa, como que les viene un vómito y ellos quieren decir. Y eso es increíble porque nadie quiere decir. Todos van a resistirse y resulta que conmigo vomitan. La magia del silencio.
¿No tiene prejuicios a veces con las personas que va a entrevistar?
Ya no. Aprendí rapidito a que las personas no son lo que parecen, son muy distintas. Muchas veces no saben ni lo que son. Son muy diferentes a lo que ellas creen ser. Depende del estímulo, de la tecla.
¿Hay algún entrevistado que por una razón de guata no pudiera entrevistar?
No. Al contrario. Por una cuestión de guata me gustaría entrevistar a Spiniak, a Pinochet, a Douglas Tompkins. A Pinochet me gustaría mirarlo a veinte centímetros cara a cara con el debido respeto que merecen todos los entrevistados y susurrarle ¿No sabía?
Algunos lo comparan en el estilo con Alfredo Lamadrid. ¿En qué se parecen y en qué se diferencian?
Similitud es que es una conversación. Diferencias muchas. Alfredo graba tres horas y edita, él corre menos riesgos que yo. Tengo todo el respeto por Alfredo, pero yo soy más intimista, él es más curricular. Él pregunta de arriba para abajo y yo pregunto de abajo para arriba. Yo juego de perdedor. Voy de acogedor, no soy juez. Tal vez la mirada puede resultar un poco de juez, pero yo voy de humilde. Un humilde intimista.
¿Se encuentra siútico?
Para nada.
¿Y qué le pasa cuando se lo dicen?
Es que ocupar bien el lenguaje es algo que tengo de niño, me enseñaron así. Tratar de usted y pronunciar bien las palabras no es ser siútico. Ser siútico es vestirse de rosado y andar arriba de un convertible. Eso me parecería una sitiuquería horrible. Ser siútico es otra cosa
Y qué sería usted
Una persona medianamente educada, que usa el lenguaje castellano, que hace pipí en el excusado, que se lava las manos, que se peina, que trata de usted a los entrevistados, que no dice garabatos ni hace televisión en calzoncillos. Comunicar en televisión es una responsabilidad muy grande. Esto no es chacota. Pelea corta, carrera corta. Mi vida de comunicador siempre la he planificado de largo aliento. Así me interesa: creíble y querible en el tiempo.

Todo vale
Su hijo Tomás se casó hace poco. ¿Usted le organizó el matrimonio?
Yes.
Me daría un poco de susto invitarlo a uno.
No, para nada, encantado. Siempre me dicen lo mismo, pero lo que pasa es que cuando voy de invitado a alguna parte no voy de productor, va el modesto y callado Tomás Cox. No va el echado para adelante que tiene que ser el productor, no va el tractor. Va el silencioso y el súper bajo perfil Cox que está en la mesa más modesta y el que menos habla.
¿Y después no pela?
No, nunca. Me carga eso. Yo asumo que la gente hace lo posible por hacer lo mejor. Me pongo nervioso de repente cuando veo que las cosas no se hacen bien. Estoy deformado, me gusta que las cosas salgan impecables.
¿Es cierto que en el matrimonio de Cecilia Bolocco se desmayó la mamá del novio y que Gonzalo Cáceres se arrepintió minutos antes de la boda? ¿Cómo se manejan esas situaciones?
Sí. Se desmayó la mamá de Michael, se me empezó a descuadrar la toma fotográfica y de televisión, encontré una señora que por detrás era igual y la cambiamos por ella y completé el cuadro.
¿Todo vale entonces para que salga impecable?
A mí me miden por rendimiento, no por explicaciones. Las explicaciones no se televisan. Y a las doce de las noche en punto en el Palacio Cousiño estalló una bomba en uno de los muros. Y yo instantáneamente inventé que era un cañón a propósito para que hiciéramos el primer brindis de la noche. Y Gonzalo se arrepintió, pero con nuestro equipo lo encontramos cerro abajo, lo metimos en la carpa y ocurrió. Te vuelvo a decir: a mí me miden por resultados. Yo soy tranquilo nervioso. Cuando los demás tranquilos, yo nervioso. Cuando los demás nerviosos, yo tranquilo.
Usted es colocolino. ¿Cuándo saca la garra? ¿Cuándo se sale de quicio?
Yo saco la garra todos los días, pero nunca me salgo de quicio.
¿No hay actitudes que lo molesten?
Montones. La vulgaridad, los gritos, el abuso, la prepotencia, el consumismo exacerbado, la rotería, la violencia, la tontera, la envidia. Me alteran, pero me aguanto porque trabajo en público. Hago la fotosíntesis para manifestarme en forma educada y formal. Yo no voy a decir en público váyanse todos a la mierda. Tengo buenos frenos.
¿Y cuanto se demora en procesar?
Lo que un rayo. En el servicentro espero y en el supermercado espero. No aprovecho ninguna de las ventajas que me da el hecho de que las personas me conozcan y por qué no decirlo, me quieran porque uno debe hacerse responsable de su rol. Por ejemplo, llevar a una modelo que a las seis de la mañana queda botada después de un evento porque no llegó el taxi. No corro ese riesgo. Si alguien me choca y sale la modelo de la ventana, nadie me va a creer que yo estaba haciendo un servicio. Y si a las seis de la mañana alguien me ve con una mujer, nadie va a pensar que es mi mujer. Es muy poco probable.
Y qué le importa lo que piense el resto
A mí me importa por mi pega. Porque uno tiene que ser y parecer. Eso me cuesta mucho esfuerzo, pero lo hago. Me aguanto. Uno no puede hacer lo que quiere, tiene que hacer lo que debe.
Siempre gana el deber
Siempre. Cuando uno está en la fila del banco y las cosas no se hacen cómo se deben, cómo quisiera alegar, despotricar y gritar. Pero no lo puedo hacer pues. Tengo que dar el ejemplo. El otro día pasó una micro con roja, el gallo casi me mata. El tipo me garabateó y me amenazó con una herramienta. Y yo estaba enfurecido porque él casi me mata, pero no seré yo quien arme una reyerta en la vía pública a las dos y media de la tarde. Me tragué todos sus garabatos, sus ofensas gratuitas, pero no di un espectáculo. Me tragué mi rabia y mi ira. Se supone que yo debo navegar por encima de ese incidente.
¿Y no piensa que toda esa sobreexigencia también puede ser un vicio?
Claro, claro. La sobreexigencia puede ser un vicio. Ahí estoy perdido. Yo tengo dos vicios: exigirme al máximo a mí a y los demás e ir la pastelería Mozart de Pedro de Valdivia con Sucre y comerme diez pasteles solo. Y doce también. Con jugo de damasco, tranquilo y en paz. Lo hago una vez cada tres meses. Me fascina lo dulce, los panqueques, el manjar blanco. Ese es el único vicio mundano que me permito. Todos los demás, están prohibidos.

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