¿Me estás hablando en chino?

Revista Fibra, 2003

 

Chilenos que hablen chino con suerte son 20. Pero el ministro de Educación, Sergio Bitar se comprometió que para el 2010 serán 100. Porque desde el próximo año cuatro colegios chilenos enseñarán el chino mandarín. Aquí, niños rayando con el chino en un colegio semi oriental, chilenos tartamudeando en chino y un ministro visionario que apuesta por el idioma oficial del país de 1300 millones de habitantes.

Cuatro letras chinas metálicas en la fachada de un colegio de La Reina. Significan Yangtse, el nombre del río más largo que atraviesa China, según comentan unos escolares pelusas como de 10 años. Suena el timbre. Una turba de jumpers y mochilas con monitos corren hacia la puerta del colegio para irse a la casa. En la entrada, un niño de ocho años abre la tapa de una alcantarilla y mira hacia abajo. “Si te metes por este hoyo, llegas a China”, le dice a una compañerita que no lo pesca mucho. “¿A China?”, le pregunto.
– Sí. Si te metes por este hoyito, llegas a China.
– ¿Y cómo es China?
– Bonito. Todos hablan chino. Ayer me dieron comida china. Y gratis.
– ¿Acá en el colegio?
– No. En China
– ¿Y cuántas veces has ido a China por ese hoyito?
– Cinco.
Patricio corre hacia un furgón amarillo y desaparece. Nunca ha estado en China, pero ha escuchado mucho sobre ella. El colegio Yangtse, que antes simplemente se llamaba Escuela Básica, está apadrinado por la embajada de China desde 1987. En realidad su directora, Isaett Cid, estaba buscando este lazo desde 1981 cuando en la Municipalidad de la Reina se encendió una ampolleta globalizadora: cada colegio de la comuna debía estar respaldado por un país distinto. Entonces aprovechando que su marido era chino y que tenía contactos con diplomáticos, empezó a gestionar esta unión. Al final resultó bien y el embajador de turno, Huang Shikang, acto cívico incluido, formalizó la alianza Yangtse-China. “Nosotros íbamos a ser custodios de su pabellón patrio, inculcar algunas nociones sobre la cultura e incorporar a algunos niños que llegaran de China a estudiar a nuestro colegio en un ambiente de mayor integración”, explica Isaett Cid en su oficina mostrando un álbum de fotos de sus alumnos en la embajada, de sus alumnos con el Presidente Jiang Zemin, de sus alumnos con quimono en algunos actos escolares. Hoy son sólo seis niños chinos los que estudian en el colegio. El resto, como Patricio, son chilenos. Pero ahora el Yangtse, aparte de estar adornado con banderines orientales por aquí y por allá y de celebrar cuanto evento tenga relación con el país con más habitantes del mundo, va a ser el primer colegio de Santiago junto con otros tres de regiones que enseñará chino mandarín desde marzo del 2005.
Así lo dijo el ministro de Educación Sergio Bitar el 1 de mayo cuando firmó un memorando de entendimiento con el viceministro de Educación de China Zhang Xinsheng durante la tercera reunión ministerial del Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC). Y se propuso una meta: cien chilenos hablando chino el 2010. Sí. Leyó bien. En chino. Para Bitar la idea es visionaria. Piensa: Aumenta la importancia comercial de China en el mundo (crece a un 9 por ciento anual y representa a un tercio de la población mundial) + estamos a punto de firmar con ellos un Tratado de Libre Comercio + es el principal cliente de cobre que tenemos en el globo = es lógico que más compatriotas aprendan el idioma. Porque por ahora con suerte hay 20. Uno solo en la Cancillería que trabaja como traductor y ninguno en la embajada de Chile en ese país asiático. Entonces para el ministro necesitamos más chilenos que hablen literalmente en chino. ¿Cómo, si con suerte hablamos bien el español? “Con esa teoría peregrina tampoco nos hubiera dado lugar a hacer doctorados si todavía tenemos personas analfabetas. Así no avanzaríamos. Yo creo que son formas de abrir los ojos de los chilenos. Tenemos que ser mucho más audaces en nuestra inserción mundial”, dice el ministro convencido.
Para lograr esta meta, el gobierno de China se comprometió a traer profesores chinos y textos de estudio al país el próximo año para enseñar su lengua a los alumnos de estos colegios. El curso va a ser electivo y aún en el colegio de La Reina no saben muy bien cómo lo van a hacer. Por ahora, el Yangtse sigue cultivando la amistad con la embajada. Los niños cantan el himno de esa nación en mandarín cuando izan en el patio del colegio la bandera roja con estrellas amarillas. Y leen las fábulas chinas en español que donó la embajada. Y reciben en actos cívicos al Presidente de turno de la República Popular China cuando anda dando vueltas por acá. Y dibujan ositos pandas y pagodas en un concurso anual que hacen con la sede diplomática. Y cuando salen de octavo básico, van emperifollados todos a una cena u once con el embajador chino para ser declarados Amigos Permanentes de ese pueblo después de intercambios culturales varios. Porque ellos bailan su buen pie de cueca y el embajador les da un libro o una artesanía de regalo. Todo, por supuesto, Made in China.
En pleno recreo, juegan los hermanos Liao. Jia Hong (8), Liwen (10) y Liping (10) llegaron directamente desde el otro lado del mundo hace tres años. Se demoraron sólo uno en aprender español y les dan cancha, tiro y lado a sus compañeros chilenos en matemáticas. Liwen dice que para ellos van a ser muy fáciles las clases de chino porque lo aprendieron en su país. Y sería. No pronuncian más palabras. Entonces, solemnes, se levantan y se van a sus respectivas salas.
Después del silencio oriental, unos alumnos occidentales de quinto básico se sientan en la dirección del colegio. Pregunto si se saben el himno de la República Popular China para escucharlos. Pero Celeste Orellana (10) explica que aún no lo dominan. Que son los más grandes quienes lo cantan.
– Sólo sabemos una parte que dice chiu, chiu, nada más”, contesta.
– ¿Y qué es lo mejor de China?
– Las chinas con esos vestidos largos y esos zapatos planitos, como las zapatillas de chicle.

Chilenos en chino

En el centro de Santiago, escondido en una calle media anónima, está el Instituto Chileno Chino de Cultura. Éste es el único lugar en el país donde chilenos comunes y silvestres pueden aprender el chino mandarín. En total hay 40 alumnos estudiando dos veces a la semana. Dos años se van a demorar en manejar el chino en forma básica. Algo así como sobreviviendo en China o semi perdidos en Beijing: pedir comida, buscar un hotel y preguntar dónde hay un baño. Lu Yanjun, profesora del instituto empieza en media hora su clase. Algunos alumnos con pinta de ejecutivos ya llegaron y toman té en un living de donde cuelga una lámpara china. Lu se sienta en la sala de clases. Cuesta entenderle porque a pesar de que llegó el 90 a Chile con su marido, Lu se salta preposiciones y va directo del sujeto al verbo. Lu explica que no sabe cómo han avanzado sus alumnos con el chino. Que lo que más les cuesta es la pronunciación y que algunos están estudiando porque viajan a China por negocios y quieren saber algo y otros por puro amor a la cultura milenaria. “Alumno muy personal. Algunos han logrado muy bien, algunos no pueden lograr mucho, pero pagado curso hay que seguir. No puedes decir tú ya no”, me dice.
Uno de los alumnos de Lu es Juan Enrique Benítez (20) quien lleva un año aprendiendo chino. Tiene una preferencia por las cosas “alternativas” así es que después de estudiar y desechar Mantenimiento Aeronáutico en la universidad Federico Santa María, se metió a internet, tipió la palabra “institutos” y se metió a clases de chino. Quiere ser traductor. Mientras aprende, sigue con su pega de bombero, actualizador de una página web y repartidor de pizzas.
Lu mira el reloj. Se le ha hecho tarde y va con sus alumnos. En otra sala, el profesor Yerko Dorian, un ingeniero eléctrico chileno que estudió siete años el idioma, hace clases. Ocho alumnos escuchan concentrados con sus cuadernos abiertos mientras que afuera, el resto del país está pegado al televisor viendo el partido de fútbol entre Chile y Venezuela. “Tengo dos hermanos menores y dos hermanas mayores”, dice el profesor. Y los alumnos traducen. Dicen algo como Cha jei jui. Hacen unos ruidos guturales rarísimos. Uno que no está en clases, sale entendiendo chino. Según el dicho. No literalmente.

Chino 1- inglés 0

Raquel Miranda (29) llega al instituto forrada en un abrigo de piel a las siete y media en punto. Llegó desde Panamá hace tres años y trabaja en una empresa de carga transnacional como supervisora de importaciones de todo Oriente. Pero desde que está en clases de chino en el instituto puede decirles hola, gracias y preguntarles por su familia a los clientes en su idioma. “Yo recibo llamadas de cualquier país del mundo cualquier día y en China hay muchas personas que no hablan bien el inglés y obviamente no saben español”, explica.
Pero Lu Yanjun no cree que sus alumnos que tienen negocios con China quieran aprender el idioma para tener conversaciones comerciales en chino. Para eso, piensa, está el inglés. Tiene alumnos que trabajan en Codelco y ProChile, pero dice que ellos a lo más quieren saber algo de chino para pedir un taxi y entender lo básico. El punto es otro, según Fernando Salvador, vicepresidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Chino, una agrupación fundada en 1995 de más de cien chilenos que admiran la cultura de la potencia asiática. “Se ha sostenido que el inglés es el idioma que domina y privilegia el comercio mundial, pero los chinos le dan una especial consideración al trato entre iguales hablando la lengua materna de ambos países. Es decir, en este caso, entre el castellano y el chino”, afirma.
La dueña del restaurante chino La Violeta de Persia, Chunhua Xue, es periodista, traductora y fue intérprete de los ex Presidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei. Chunhua llegó en 1986 a Chile sabiendo español. Lo aprendió en la universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín y llegó becada por el gobierno chileno para estudiar mejor el castellano. Ahora se prepara para hacerles clases de chino a los descendientes de la colonia en Chile, la comunidad Wha Yi. Chunhua habla con determinación. “La mejor forma de involucrarse es con los nativos. Yo no dije: voy a pararme en la esquina a ver si alguien habla español conmigo. Empecé a enseñar chino a chilenos y enseñar español a los chinos”, cuenta. Actualmente existen seis becas del gobierno para chilenos que quieran irse a China a estudiar la lengua. Pero el problema es que los cupos no se llenan y son pocos los compatriotas que se ponen la camiseta amarilla y se embarcan a aprender chino mandarín. Por eso el ministro de Educación cree que abrir la oportunidad en algunos colegios es una buena idea. “No estamos diciendo que tú seas Confucio para hablar. Yo por lo menos quiero que abramos la posibilidad, no que no exista como hoy”, dice Bitar.
Nadie sabe adónde va la micro de la cultura imperante. Pero si esta oportunidad resulta bien, tendríamos a cien chilenos hablando en chino en seis años más. Que será un trabajo ídem, claro está. Pero si resulta, si de verdad resulta, Celeste podría estar cantando más estrofas del himno de China aparte del chiu chiu. Y quizás Patricio podría viajar a la China sin complicaciones idiomáticas. Pero ya no por el hueco de la alcantarilla.

El rompecabezas chino (recuadro)

“Hanyu hen nam” dicen algunos libros de textos para extranjeros que estudian el chino mandarín. Significa “el idioma chino es muy difícil”. Y así es. Por eso mismo, cuando no entendemos nada acá en Chile preguntamos si nos están hablando en chino. Pero, ¿cuáles son las dificultades propias del chino mandarín? Varias. Quizás demasiadas comparado con el castellano, el inglés o el francés.

– En la misma China no todos saben el idioma oficial (Putonghua) ya que existen 56 dialectos diferentes que se derivan del chino mandarín. Ni entre chinos a veces se entienden.
– El chino tiene alrededor de 50 mil caracteres. Nada para preocuparse porque para entender conversaciones o leer un diario sólo hay que manejar 10 mil.
– Un chino se muere sin conocer todos los caracteres de su idioma.
– Las palabras en chino son compuestas: tienen un logo que contiene la idea principal y un radical que es la raíz de la palabra. O sea, Coca Cola se dice Ke Kou Ke Le que significa “poder boca, poder contento”. En español, si te lo llevas a la boca puedes ponerte feliz.
– En las oraciones en chino el sujeto siempre debe estar. Así como en español podemos decir “Como cerdo” o “Cerdo como” y entendemos que somos nosotros los que comemos el cerdo, en chino la cosa cambia. Porque si no está el yo, tú, él en la oración se puede llegar a entender que es el cerdo el que nos come a nosotros.
– El chino es un idioma que tiene cuatro tonos. Depende de la entonación que le demos a una palabra o a una sílaba, lo que comprenderemos. Por ejemplo: mal pronunciado, “vender” se podría entender como “comprar”.A modo de consuelo: ni los propios chinos dominan a la perfección la tonalidad de las palabras.
– Por ser una lengua tonal, la organización científica británica Welcome Trust descubrió que al hablar en chino mandarín trabajan ambos lados del cerebro. No como otros idiomas con los cuales sólo trabaja el hemisferio izquierdo que es donde se procesa el lenguaje. En el chino, por la melodía, también trabaja el hemisferio derecho, donde se encuentra el centro de procesamiento de la música.
– Una misma sílaba en chino tiene múltiples significados. Chi, por ejemplo, puede ser “pies”, “piedra”, “ciudad”, “municipio” o “excrementos”.
– El chino no tiene conjugación verbal, ni tiempo, ni modo, ni género. Todo se entiende según los adverbios que se utilicen.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s