Gata Luz. El Silencio de una Inocente

(Revista Fibra, 2004)

Tiene dos años y está condenada a muerte. Un murciélago infectado con rabia que entró a su departamento la convirtió en el blanco del Servicio de Salud de la V región y en una prófuga de la justicia. Estuvo por unas semanas fugitiva, se convirtió en rostro y ahora se pasea como gata enjaulada esperando que los tribunales salven sus siete vidas. Aquí la historia de una gata angora colorina que maúlla, sin rabia según su dueña, por su derecho a existir.

La gata Luz le tiene miedo a su caja de transporte. Mientras huele sus rejillas, baja la cola y abre sus ojos verdes. Trato de hacerle cariño, pero Luz se escapa. No deja que casi nadie la toque. “Es medio tímida. No se acerca a nada que se mueva”, me explica su dueña, Amada Salinas en su departamento del cerro Yungay de Valparaíso. Aunque siempre ha sido alharaca y temerosa de cuanto bicho exista, Luz se ha puesto más desconfiada en los últimos meses. Antes era puro relajo. Dormía hasta la hora de almuerzo, se echaba arriba de la mesa del comedor y no comía hasta que alguno de sus dueños le hacía compañía en la cocina mientras ella saboreaba sus whiskas.
Ahora, de regreso en su hogar, está retomando sus hábitos de minina esquiva y mimada. Pero a la caja que la llevó a la clandestinidad, le agarró fobia. Porque Luz, a sus dos años de edad, es una prófuga de la justicia. Una fugitiva que con tal de escapar de la orden del Servicio de Salud de la región, que mandaba a cortarle la cabeza por haber estado con un murciélago infectado con rabia, se escondió un par de semanas en casas de amigos y cómplices. Mientras vivía la experiencia de la ilegalidad, Luz no lo pasó nada bien. Dejó de comer, se refugió por horas debajo de las camas de sus encubridores y a veces se rehusaba a salir de la caja que hoy la asusta tanto. Pero con la orden de no innovar de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Luz tuvo un respiro y pudo volver a casa. Ahora espera que su dueña siga peleando por ella en todas las instancias legales posibles. Y eso es lo que Amada Salinas hará. Porque incluso está dispuesta a ir a la cárcel para evitar otro sacrificio. Con dos ya fue suficiente. Antes del nacimiento de Luz, Amada y sus hijos, Fabricio y Marcela del Valle, enfrentaron la dolorosa decisión de llevar al patíbulo a dos de sus gatos: El Toto y una gata siamesa que padecían de problemas hepáticos irreversibles. En esas oportunidades, Amada los llevó al veterinario para que murieran sin sufrimiento y bajo los efectos de un anestésico llamado pentotal. Amada no quería más mascotas. Las pérdidas anteriores la habían impactado demasiado.
Pero cuando hace dos años, pasó por la tienda de una amiga que criaba perros y gatos angoras y le enseñaron a la pequeña Luz con un mes de vida, no pudo resistir llevársela consigo. Todo había estado en calma por mucho tiempo. Incluso Amada le compraba plancton de trigo y pasto a Luz para evitar los problemas al hígado que se producen en los felinos que viven en edificios por ingerir solamente alimentos secos. Hasta que el 21 de febrero de este año un paracaidista rabioso aterrizó en el living de su departamento, desatando el calvario y la fama inesperada de la gata más buscada del país.

El hallazgo

En la terraza del departamento del quinto piso donde vive Luz, hay un pilar de hormigón. La noche del 20 de febrero un murciélago se lo encontró literalmente de frente. Mientras planeaba por el cielo porteño, en una mala maniobra, se golpeó con el pilar y fue a dar al suelo del balcón. Desde ahí, medio aturdido, se arrastró, pasó por el hueco abierto de la ventana hacia el living y se quedó quieto hasta la mañana siguiente, al lado del comedor. Eso es lo que los dueños de Luz suponen que pasó. Lo cierto es que la mañana del 21 de febrero, mientras Marcela barría el departamento, vio un bulto negro. Pensó que se trataba de una bolsa de basura así es que la empujó con la escoba hacia la pala. Pero para su sorpresa, la bolsa se movió. Entonces acercándose un poco más a ella, se dio cuenta de que el bulto era un murciélago moribundo y con un ala rota producto de la barrida. Marcela avisó a su hermano Fabricio del hallazgo. Aún en la pala, dejaron al murciélago en la terraza y Fabricio llamó al Servicio de Salud. “Tráigalo en la tarde”, le dijeron. Mientras, en la cama de Marcela, Luz todavía dormía a pata suelta. “Estamos más que seguros que la Luz ni lo vio porque duerme toda la noche. Además el murciélago tendría que haberla mordido o chupado y para eso tendría que haberse subido arriba de ella. Y la gata hubiera gritado como loca, con lo alharaca que es. No deja que ni la toquen. Imagínate si va a querer tener a un murciélago arriba de ella”, explica Amada en la reconstrucción de escena.
Ese mismo día en la tarde, Fabricio dejó, dentro de una cajita de cartón, al murciélago en la oficina del Servicio de Salud. ahí le preguntaron si tenía mascotas en su hogar. “Sí, una gata”, respondió él antes de volver a casa. Mientras Amada llamaba al veterinario de Luz, Pedro Álvarez. “¿A usted le consta que la gata jugó con el murciélago?”, le preguntó él. No lo hizo, le contestó Amada. Al día siguiente Luz estaba en la consulta con un diagnóstico alentador: no tenía rasguños ni heridas. La gata, según Álvarez, estaba en perfectas condiciones.
Amada, Fabricio y Marcela se quedaron tranquilos con el diagnóstico. Pero el 1 de marzo, tuvieron noticias del murciélago invasor. A la hora de almuerzo, la doctora del Servicio de Salud, María Angélica Truncado los visitó para comunicarles que el día anterior habían llegado los exámenes practicados al murciélago en el Instituto de Salud Pública de Santiago y estos determinaban que el animal tenía rabia. Sin mostrarles ningún documento que respaldara la información, la doctora se fue. Una hora más tarde, una secretaria del servicio de Salud llamó a Fabricio para decirle que tenía que ir inmediatamente a vacunarse. Así lo hizo él. Cuando estaba de regreso en su casa, recibió otro llamado. Amada le quitó el teléfono y por primera vez escuchó sobre la condena: la gata, decía la mujer, era sospechosa de estar contagiada y por eso debía ser sacrificada. Amada le respondió que su veterinario había dicho que Luz estaba sana. Le preguntaron quién era ese médico. Amada les dio el nombre y luego colgó el auricular. Al día siguiente, el 2 de marzo, el doctor Pedro Álvarez recibió la visita de la mujer del Servicio de Salud quien le dio dos opciones: él se comprometía a ponerle tres vacunas antirrábicas a Luz o ésta moriría. Pocas horas después, Luz recibió la primera dosis en la consulta. No sabía que al día siguiente un carabinero y dos funcionarios del Servicio de Salud irían a buscarla. Pero Fabricio, con el certificado de la vacunación de su mascota en mano, los echó a garabato limpio de su casa. Los tipos se retiraron dejando una advertencia: la resolución que condenaba a muerte a Luz estaba lista y mañana vendrían por ella con una orden formal. Entonces a Fabricio, Marcela y su madre se les prendió la ampolleta: a primera hora del 4 de marzo, Luz se ocultaría en la clandestinidad.
La fuga
Esa madrugada, fue la primera vez que Luz estuvo encerrada en su caja de transporte. Amada junto a sus hijos partieron con la gata oculta hacia la casa de unos amigos. Ahí estuvieron la mayor parte del día. Con su mascota en buenas manos, se devolvieron en la tarde a su departamento. Ahí los esperaba el pololo de Marcela quien les contó que de una a cuatro de la tarde, los funcionarios del Servicio de Salud hicieron guardia, esperándolos. Que habían querido descerrajar la puerta, pero cuando el conserje les preguntó dónde estaba la orden para hacer eso, habían desistido de la medida de fuerza.
Luz pasó un poco más de una semana escondida. La prófuga fue cambiada de casa al menos tres veces. Durante su permanencia en la ilegalidad recibió la visita de sus dueños quienes incluso iban a alojar con ella y de la prensa que rápidamente lanzó el caso a la luz pública. Mientras, Amada hacía contactos para revocar la pena de muerte que pesaba sobre Luz. Con el apoyo de la concejal Marisol Paniagua, de la diputada PPD Laura Soto, de su abogado y de los miembros del Defensor Ciudadano, interpuso un recurso de protección en su favor. Los llamados de periodistas chilenos y de otras partes del mundo empezaron a aumentar. Y en medio de esa batahola mediática y judicial, ocurrió una muerte inesperada: la del Pirulo, un gato callejero que circulaba por el edificio donde habitaba Luz.
Días antes, los funcionarios habían pasado por el condominio notificando que se realizaría una campaña de vacunación antirrábica voluntaria para todas las mascotas de los residentes. Cuando llegaron con los implementos sanitarios, divisaron al Pirulo que vivía entre las plantas y que se alimentaba gracias a donaciones caritativas de los vecinos. “¿De quién es ese gato?”, le preguntaron al administrador. Y él, sin más respuestas, contestó: “De nadie”. El Pirulo, un gato rubio con manchas blancas, desapareció ese día y nunca más volvió.
En los diarios dijeron de todo. Que el Pirulo era el novio de Luz, que jugaban juntos y que Luz estaba de luto por su amigo. La verdad es que el único contacto que Luz tuvo con el Pirulo fueron maullidos a la distancia. Porque la gata angora no salía de su departamento, ni siquiera al pasillo del ascensor. Sólo se encaramaba en el balcón y desde ahí miraba al Pirulo de lejos. Pero jamás compartió un mismo espacio con otro animal, menos pololeaba. Luz está esterilizada, no tiene épocas de celo y se mantiene tan virgen como el día en que nació.
La espera
Con el recurso de protección, la corte de Apelaciones dio la orden de no innovar, es decir, de no hacer nada hasta que se tome una decisión después de un juicio. Luz volvió a casa más estresada que de costumbre, pero a salvo. El 15 de abril por unanimidad la misma corte aprobó el sacrificio de Luz, pero Amada Salinas agotará todos los recursos y apeló a la Corte Suprema. También mandó muestras de sangre de su gata a Kansas, en Estados Unidos, donde a través de un procedimiento que en Chile no existe, determinan si los antígenos de rabia que Luz fueron inoculados por el murciélago o ella los está elaborando producto de las vacunas que le pusieron el 2, 4 y 6 de marzo. Si el examen demuestra que se trata de la segunda opción, Luz estaría sana. Además Amada asegura que hay otros dos exámenes que se podrían hacer, sin necesidad de matar a Luz, para saber si está contagiada.
“El Servicio de Salud se cierra a que sólo existe el examen del cerebro en el animal muerto, pero mi abogado dice que hay otros métodos: pruebas de laboratorio de inmuno fluorescencia directa en los que se analizan los bigotes del gato y otra de inclusión intracelular que también no se usan gatos directamente sino que en otros animales”, explica Amada revisando la pila de documentos legales que acumula desde marzo. Y es que la dueña de Luz sí que tiene rabia. Está enfurecida con el Servicio de Salud porque piensa que se han obstinado injustamente con ellos. Dice que ni siquiera han examinado a la gata y que hay gente que la ha parado en la calle para preguntarle por qué entregó el murciélago si era cosa de tirarlo en la basura en el más completo anonimato. “Además, ¿han buscado a la colonia de murciélagos? No sé. En Valparaíso hay millones y ellos debieran tener eso controlado. Tienen que hacer la pega que les corresponde. Pero hay un empecinamiento porque yo dije que no iba a matar a mi animal. Yo tengo derechos y la Luz también”, explica Amada mientras baja a su mascota de la mesa del comedor. La ama de la gata también está en juicio. Hay una querella en su contra de la Fiscalía Local por desacato y podría ser condenada a penas desde 10 días hasta tres años de cárcel.
La ventana del living de la familia sigue un poco abierta como de costumbre y mientras esperan una resolución definitiva, Amada estudia día a día más antecedentes sobre la enfermedad que se alojaba en el murciélago que derrumbó la paz de su hogar. Después de tres meses, Amada, Fabricio y Marcela tienen un magíster en murciélagos, rabia y exámenes gatunos. Luz se pasea por el departamento como si nada. no hay manifestado cambios de comportamiento ni ha botado espuma blanca por su boca. Ahora volvió a comer, a dormir hasta tarde con Marcela y a acomodarse donde le dé la gana. La experiencia de prófuga sólo dejó una marca en ella: el temor a la caja plástica y de techo burdeo donde tuvo que escapar. Aunque el probable que si ratifican su muerte, vuelva a huir. Gata que arranca sirve para otra guerra.

Anuncios

One thought on “Gata Luz. El Silencio de una Inocente

  1. Una acabada investigación estimada Pepa, aunque el manto de incertidumbre que me envuelve desde que conocí este episodio aún no logra ser despejado. Cuál fue finalmente el destino de la pequeña felina? Se dice que desapareció sin dejar rastro amparada por alguna secreta red de protección, pero bueno, eso ya forma parte de la leyenda de la gata Luz, un verdadero misterio sin resolver.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s