Fernando Peña. 27 criaturas en una

Fallecido el 2009

(Revista Fibra, 2005)

Un taxista, una azafata, un travesti, un vagabundo y una vieja puritana se ríen de las noticias en radio KSK en Buenos Aires. Pero en el locutorio hay un solo hombre: Fernando Peña. Una marca en Argentina, un portador de VIH que se ríe de su enfermedad, un esquizofrénico que actúa solo, pero que representa a 27 personajes en el teatro. Como diría él: un hombre y una mujer lleno de criaturas que habla de todo, por todos y sobre todo por él.

¿Vas a lo de Peña?, pregunta el taxista mientras maneja por San Isidro, uno de los mejores barrios de Buenos Aires. Sí, contesto. ¡Uy, che! O te saca a patadas en cinco minutos o te invita a cenar. Nunca sabés con él, me explica. Callo. Ya varios porteños me han repetido lo mismo. Es que Fernando Peña, uruguayo de 40 años, es polémico. Genial, dicen algunos; loco, dicen otros. De una honestidad brutal, ha dicho que odiaba a su madre, que se contagió por amor de VIH y a Susana Jiménez le dijo que no era gay, sino un puto sufrido. Pero lo que ha hecho famoso a Peña en Argentina son sus criaturas. “A veces me aburro de ser una sola persona”, explica él. Por eso ha creado a veintisiete personajes que representan distintos estereotipos de la sociedad. Como Sabino, un viejo taxista italiano y conservador, Palito, un tipo poblacional y bruto, Dick Alfredo, conductor mexicano bisexual y agresivo, Cristina Megaherz un travesti copuchento y maternal y por supuesto, Milagros López, la azafata cubana que sacó a Peña del anonimato.
Desde hace cinco años, produce obras de teatro donde actúa solo y se desdobla en escena en sus diversas identidades. Las entradas para verlo se agotan con un mes de anticipación. EsquizoPeña, My name is Albert with an A y Mugre han sido algunos de sus éxitos en las tablas. De lunes a viernes en su programa El Parquímetro hace que sus personajes conversen entre sí y se burlen de la actualidad. Sintonizar la radio KSK de 10 a 1 es oír varias voces, pero que provienen de una sola. Una esquizofrenia doble. Peña, al menos, la padece. Antes de hacerse conocido, el sicoanalista que lo trataba le dijo que si tenía un puto, un cura, una vieja y un travesti metidos adentro, tenía que sacarlos afuera. Él le hizo caso. Y la primera vez fue arriba de un avión. Mientras era sobrecargo de American Airlines en 1995 y el vuelo aterrizaba en Buenos Aires, Peña decidió dar los anuncios haciéndose pasar por Milagros López, una azafata cubana de setenta y tantos años que cantaba boleros. El aplauso de los pasajeros fue cerrado. Y ocho meses después, cuando Lalo Mir, director de arte de Radio del Plata, descubrió a quién estaba detrás de la azafata caribeña, la carrera de Peña despegó. Vinieron los programas de radio junto a Mir, Vereda Tropical conducido por Milagros López, Graffiti a cargo de Dick Alfredo y El Parquímetro, donde todas sus criaturas opinan frente al micrófono. Ahora la carrera de Peña planea a varios pies de altura.

Fernando, ¿tú eres una criatura o un personaje?
Un poco las dos cosas
En qué eres un personaje y en qué eres criatura
Cuando mi persona cambia y tengo cambios de ánimo como pueden ser la bronca, el amor, la tristeza me parece que soy personaje y cuando me convierto en otra persona, soy criatura. Ellas se fueron gestando en momentos de mi vida en que siempre estuve esperando algo. Físicamente ¿eh? Por ejemplo esperando amigos en un bar. Entonces eso me aburría tremendamente y empezaba a mirar o a pensar. Yo creo que cuando estoy hastiado. Cuando estoy aburrido, creo, cuando estoy divertido, no tengo talento para nada. El ocio a mí me lleva a crear. No soy una persona que se siente adrede a hacerlo.
¿En qué medida influyó tu esquizofrenia y tu analista en ese proceso?
La esquizofrenia fue algo que le dijo un analista a mi mamá cuando yo tendría 13 años y me empezaron a medicar mal. Cuando uno es grande, ya está tan desbordado que un rabotril no viene mal. Pero si vos ves el cerebro de un nenito que no tiene nada formado ¡no podés meterle cosas! Y ahí creo que me causaron una gran pastiche en la cabeza. Yo tuve más o menos 6 o 7 siquiatras. Norman Peakcolls que fue el que más me entendió y fue con él que yo entendí que lo que vale en el ser humano es la Y o no la O. La gente por lo general dice: soy casado o soltero. Y se puede ser casado y soltero, se puede estar casado con alguien y llevar una vida de soltero. Las cosas no son tan negro y blanco. Y la Y me parece maravillosa. Puede haber un travesti creyente. Las combinaciones en el ser humano son muy vastas y me parece que nos empecinamos en separar, en O. O sos esto o sos lo otro. No se puede generalizar así.
Y cuál es tu combinación + Y
Hombre y mujer. Yo creo mucho en mi costado femenino y lo respeto mucho. Eso me hace ver las cosas de otro color. La mujer tiene más color que el hombre. El hombre por una cuestión de pudor lo tapa y la mujer no, la mujer se contradice, se entrevera, quiere un helado y un bife, quiere el cine y es histérica y la histeria de la mujer es maravillosa es la que la hace más completa que el hombre.
En EsquizoPeña, una de tus obras, matas a todos tus personajes, pero a Milagros no la puedes matar. ¿Tiene algún plus con respecto al resto de tus criaturas?
Sí, es la madre de todos. Y Milagros le dice a Fernando, no seas desagradecido, yo te di la vida, a mí no me podés matar y yo le contesto: pero también se mata a las madres. Y ella me responde: los enfermos. Pero tal vez esté enfermo, le digo y ella me dice: ¿y vas a estar conforme con esa enfermedad? Tenés que luchar contra eso y amar a la persona que te dio la vida. Hace ya cinco años encontré mi lugar en el teatro y soy muy reconocido y puedo prescindir de la radio, puedo prescindir de la tele, de cualquier cosa porque sigo con el teatro, gano mucha plata y soy feliz. Y yo soy mi propia producción, y yo tengo a María, que es una señora en casa que hace los vestuarios, yo me escribo los guiones.
Eres como una marca registrada
Yo te diría que soy una especie de almacén de barrio que fabrica sus propios productos, que es feliz y que no necesita a las empresas ni a las grandes corporaciones, cosas que detesto. Yo creo que la sociedad va para abajo. Que los valores están al revés. Decir la verdad está bien. Ahora uno dice toda la verdad y la gente se espanta y te pueden llegar a condenar como Juana de Arco, te queman en una hoguera. El problema con la verdad es que la gente no la quiere escuchar. La verdad no es la verdad epidérmica que quiere la gente. La verdad es decir señores: yo soy un ser humano y amo y quiero y soy un hijo de puta y si hay cinco pesos ahí yo me los robo y yo me masturbo y yo me toco y yo tengo pensamientos de mierda y yo he querido matar a mi madre y me gusta olerme los pedos. Ésa es la verdad. De todos. Pero claro, eso está políticamente incorrecto. Entonces vivimos en una mentira sostenida con alfileres. El ser humano es otra cosa.
En escena entonces pones verdad
Todo el tiempo, sí, sí.
Y aparte de eso, cuál es tu propósito cuando entras a escena
Ser transparente, ser hipnótico, mostrar a través del arte cómo es el ser humano, tratar de que los demás entiendan cómo es la vida a través de mi dolor, mi amargura, mi alegría. Me he llegado cortar en escenas de gente que sufre porque creo que el teatro es verdad. Por eso no puedo trabajar con elencos. Creo que la mayoría de los actores tiene una concepción del teatro muy errónea, que la concentración, que el timing. Son todos de cartón. Si un actor tiene que cortarse en escena, tiene que clavarse ese cuchillo en la piel, no puede ser cuchillo de utilería y él hacer ¡ah! No te digo que te cortes la mano, pero que un poco entre en la piel y que salga sangre. Eso es poesía, eso es lo que mucha gente me critica y le dicen que no es actuar, que es una catarsis. Para mí el teatro es una catarsis y el oficio del actor es ese: vivir una realidad paralela en el escenario. La inercia y el rebote en el idioma del teatro son un poco mi código. Hago creer a la gente que llega, y no llega. O hago creer que no llega y llega. Es ahí donde pienso bien la emoción, en el quiebre de los personajes, en la vuelta total.
¿Cómo convives con tus criaturas?
Me salvan en muchos pensamientos. Yo digo: qué haría Fulano en esta situación. Sabino, por ejemplo que es un taxista italiano muy conservador de setenta y pico de años a veces cuando estoy en un entuerto muy pasional, puede ser un trámite en la calle, perdí una billetera en medio del aeropuerto y mi vuelo está en diez minutos y pienso: ¿Qué haría Sabino? Tranquilidad, tranquilidad. Me doy consejos a través de ellos.
¿Y las elaboraste a partir de prototipos o ya estaban en ti?
No, bueno, sí. Las elaboré. Ahí es una especie de huevo y la gallina, ¿no? A lo mejor estaban en mí y las elaboré a través del prototipo, pero siempre les pongo una gota de Peña, del viejo italiano conservador, pero que de golpe está totalmente loco y dice algo que no es nada de viejo conservador. La belleza del teatro, de los cuentos y la narrativa está en la sorpresa. En el monólogo de Sabino, que vos lo ves un tipo correcto, humilde y que no dice malas palabras en un momento dice: che, parece que me duele un huevo.

FrancoTirador

En media hora más, Peña se hará una biopsia. Se duelen las piernas porque hoy amaneció con unas ronchas rosadas en las pantorrillas como consecuencia de su VIH. “Yo detesto el Orgullo Gay, me parece abominable. Es ahí donde el homosexual comienza a autodiscriminarse. ¿Podés estar orgulloso de acostarte con un hombre? ¡Es lo mismo que yo te dijera que estoy orgulloso porque tomo té! ¿Estamos todos locos? No, no es así. Y detesto esa cosa que puto sufre. El puto no sufre, el puto la pasa bárbaro”, dice.
Peña tiene cada uña pintada de tres colores, un código de barra y una rosa roja con espinas tatuados en el brazo izquierdo. De su escritorio repleto de papeles, saca una caja plástica llena de libretitas donde escribe a mano todas las ideas que se le vienen a la cabeza. “¿Quién fue?”, “El problema con la sinceridad es que uno quiere contarlo todo pero que nadie lo sepa”, lee. Peña muestra sus cuadernos con la misma naturalidad con que muestra las manchas de sus pies. El mismo día que le dijeron que era VIH positivo, fue a hacer su programa y propuso buscar los cincuenta colmos de un sidoso. A Peña le encanta el humor negro y no le tiene miedo a la muerte.

Por qué prefieres el humor negro
Me parece que es la salvación al sufrimiento. El humor negro es algo que todos practicamos con culpa, pero en el fondo es una gran tentación. Es la risa en un velorio. Es la descompresión que necesita todo ser humano para que se vaya un poco el dolor. Si no, somos una especie de alojamientos de dolor. Y ahí es donde viene la vieja boluda y te dice: ¿y por qué se burla del dolor ajeno? ¡Obvio que me burlo del dolor! Me burlo del mío, del ajeno, de todos. Es la manera de ser feliz.
¿Por qué hablas tanto de la muerte?
¿Y por qué no? Pienso que somos muy injustos con la muerte. Estamos todo el tiempo hablando de la vida, la vida es hermosa y la vida no es tan maravillosa. Pienso que la muerte no es tan mala tampoco. Creo que es necesaria, es irreversible, es obligatoria. Y algo que es tan así no puede ser tan malo.
Tu tienes VIH, ¿te sientes especialmente cercano a la muerte?
Eso es muy gracioso, se me han muerto tantos amigos sanos… Lo que te voy a decir puede sonar muy cruel, pero estoy tan cerca de la muerte como lo estás vos. Uno nunca sabe, eso es lo maravilloso que tiene la muerte.
¿Y cómo manejas el VIH mentalmente, te asusta, te complica?
No me asusta. A veces pienso que el VIH es esta rosa (señalando su tatuaje en el brazo) Es tierno, es amoroso, es cruel, es como el amor en algún punto. Te enseña mucho a que uno es finito y que si no disfrutás, no hay mucho tiempo. Me parece que es una gran poesía el VIH. No tiene nada que ver con la tuberculosis o la peste bubónica que son tan de pobre (risas) Es más París. Le tengo una empatía, qué queres que te diga. Siempre que voy a la televisión al día siguiente siempre es un escándalo porque yo hablo así y nadie hace una segunda lectura. Un día cuando estaba muriéndome, en la televisión dije: a todo el mundo le deseo una enfermedad terminal. Y todo el mundo lo leyó como que yo quería que todos se murieran y no. Yo lo que le deseaba a todo el mundo era tener el límite cerca alguna vez porque uno valora tantas cosas.
Qué tenía la relación con tu madre que alguna vez dijiste que era ella o tú
Sí, porque no podíamos convivir. Mi madre era muy sensible y en su sensibilidad se volvió loca. De todas maneras no creo en la convivencia del ser humano, yo siempre lo comparo como con los pollitos cuando uno les ve en una caja de zapatos y dice qué amoroso. Eso no dura más de una semana: el pollo después se convierte en una cosa así grande, se picotea y se mata. Esto es lo mismo. Por más grande que sea la casa, no pueden vivir cinco hermanos juntos cuando ya tienen pelo púbico, deseos sexuales y una personalidad formada. Es una guerra. No hay nada que más odie que las familias. Creo en la reproducción y no en la convivencia del adulto
A pesar de tener un familia no te gusta el concepto y a pesar de tener hermanos has dicho que te sientes hijo único ¿cómo se entiende eso?
Porque no creo en las copias ni en las fotocopias. Mi hermano es mi hermano, pero no es mi fotocopia. Él es un hijo único también. Todos somos hijos únicos. Creo mucho en la individualidad del ser. Los grupos y los guettos me parecen antinaturales. Pienso que uno no duerme más cómodo que cuando duerme solo.
Entonces cuál es el plus del amor de pareja con respecto de los otros
Que uno coge
¿Coger es más cariño para ti?
Sí, qué te parece
Bueno, yo no me cojo a mi hermano, pero igual lo quiero
Pero coger es un plus. Mi mamá siempre me decía una cosa que ahora yo recién la estoy entendiendo: cuando uno crece se enamora menos y ama más. Yo antes me enamoraba cada diez minutos era una especie de Edith Piaff. Y ahora amo más.
Y qué te enamora ahora
La belleza física y cuando descubro la mente me desenamoro. Para mí el amor es casi teatral. Algunos porteños me dijeron que iba a flashear contigo, explícame qué es flashear.
Sorprenderse gratamente
Por qué tantos argentinos flashean contigo y los otros te odian
Porque soy un color muy saturado y con los colores muy saturados pasa eso. Esta habitación no le es indiferente a todo el mundo. Alguien va decir: ¡qué mamarracho! Y otros van a decir: ¡qué hermoso! Pero a nadie le va a ser indiferente. Eso pasa con los colores saturados. Todos somos colores saturados, pero nadie se anima a serlo.
¿Nos hacemos los pasteles?
Y sí, nos hacemos los pasteles.

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