Carrete Pokemón

(Revista Paula, 2007)

Son adolescentes entre 13 y 18 años que carretean entre tres y ocho de la tarde los fines de semana, pasan pegados a internet y al celular y se desviven por enchular su fotolog. Usan chocopandas alisados con planchas y poncean en las discoteques con conocidos o desconocidos al ritmo del reggaetón. Este es un recorrido por el mundo fiestero diurno de los niños que crecieron con Mekano, la cultura farandulera y el computador conectado y que ya cumplieron los 13 años.  Aquí, la generación pokemón.

El sol de las cuatro de la tarde de este domingo 18 de marzo quema el cemento de la calle Vicente Reyes de Maipú. A pesar del calor, al frente de la discoteque Punta Juárez cientos de adolescentes hacen fila para entrar a la fiesta matiné que partió hace más de una hora, con su entrada en mano. Hoy, Jowell y Randy, reggeatoneros portorriqueños, vienen a mostrar el arte del perreo en vivo. Y más de mil pingüinos de civil, aunque todos uniformados con la misma pinta, vinieron a verlos. Ellas, llevan el pelo escalonado y bien liso, tienen las mejillas coloradas de tanto rubor, los labios rojos y fucsias, calzones de monitos asomándose por debajo de sus jeans, poleras de estrellas, lunares o letras, carteritas brillantes o de peluche bajo el brazo, zapatillas Converse de caña alta de todos los colores. Ellos, arrastran pantalones y jeans tres veces más grandes que ellos, usan lentes de sol, viceras o jockeys e indefectiblemente, el mismo corte de pelo: un look a machetazos, bien corto arriba, patillas largas sobre las orejas y una pichanguera planchada con alisador colgándole por la espalda. Son los pokemones, una nueva tribu urbana de chicos de la clase media santiaguina que mezclan el look reggaetonero de Daddy Yankee con la moda hardcore californiana de piercings y zapatillas anchas de skater. Un grupo que no sobrepasa los 18 años y que todos los fines de semana van a fiestas de tres a ocho de la tarde en distintas discoteques de Puente Alto, La Florida, Maipú, Cerrillos y Santiago Centro. Y que en la pista de baile de la Punta Juárez esta tarde de domingo hacen de las suyas al ritmo del reggaetón.

Patronato mall
El Bar Urbano, en Departamental con General Velásquez, fue el primer local que hizo fiestas para menores de edad, de día, a punta de bebidas y energéticas y puro reggaetón. Partió en enero de 2006 y fue un éxito inmediato: miles de chicos que pasaban el verano entero pegados a la tele y el computador, encontraron una nueva forma de matar el tiempo y conocer gente. La discoteque Lola Lola en la Florida también empezó a producir estas fiestas ese mismo verano hasta con chorros de agua y espuma incluidos para capear el calor. Así, el carrete pokemón comenzó a expandirse por distintas comunas y en junio de 2006 varias discoteques ya tenían sus puertas abiertas los fines de semana en la tarde. Eso sí, el fenómeno no pegó en el barrio alto. “Es que a los cuicos no les gusta el reggaetón. Lo encuentran flaite. Para ellos, nosotros también somos flaites”, explica Jennifer Romero, del team RealCrown de la discoteque Rapa Nui. Básicamente el fenómeno pokemón se da en gran clase media santiaguina: vienen de comunas como San Miguel, La Cisterna, Maipú, La Florida, Puente Alto y Santiago Centro. Dentro de ese segmento, son la tribu urbana adolescente más grande que existe. Por eso les dicen pokemones: por los monos animados japoneses y de pelos parados del mismo nombre que se promocionaban como una invasión. Son chicos que van a liceos con letra y número o semi subvencionados aunque casi todos detestan el colegio. Pasan mucho tiempo conectados a internet chateando y revisando su fotolog, y consumen harta televisión. “Son parte de los nuevos grupos que nacen relacionados a los medios y a la tecnología. Sus referentes son Mekano, Rojo y los realities. Pasan solos bastante tiempo porque los papás trabajan y además, tienen menos recursos para consumir entretención. Como todos los adolescentes, necesitan grupos de pertenencia. En niveles más altos, perteneces a un colegio o a una actividad. En cambio en niveles socioeconómicos más bajos, se da que son más permeables a las modas que ven a través de los medios”, explica María de los Ángeles Álvarez, psicóloga de Lado Humano.
Por eso, los pokemones se producen con ese look mezcla Mekano y MTV. No sólo hay que ser, también parecer un pokemón como Dios manda. Las chicas se cortan el pelo a machetazos entre amigas o piden escalonados extremos en peluquerías de mall. Se compran pantalones y faldas en grandes tiendas, pero para lo demás prefieren Patronato. “Es que Patronato la lleva todo el rato. Allá está la tienda de la Titi (Larraín, Titi: personaje adolescente y cabeza hueca de la serie Casado con Hijos) donde encuentras todo. Los accesorios como pulseras plásticas de de todos colores y collares de perlas se venden en la calle. También en las ferias artesanales como la del paradero 14 de Vicuña Mackenna donde todo el mundo se hace los piercings”, explican Bárbara Vargas, compañera de team de Jennifer. Mientras, los hombres son más marqueros. Compran zapatillas tipo skater marca Adio, Independent o Circa, y poleras con alguna frase como “Cien por ciento wuashón” o tipo basquetbolista en el Eurocentro de calle Ahumada. Otros juntan más plata para comprar en la tienda sueño de todo pokemón: Rip Curl, para el surfer, skater y rapero de estos tiempos, en el Parque Arauco. Para el macho pokemón no es llegar y ponerse lo primero que encontró. “Es increíble cómo se arreglan los hombres. Se planchan el choco antes de salir de la casa. Le sacan el alisador a la mamá o incluso a la polola. En algunas discos, he visto filas de niños en el baño de hombre esperando para que una mina les planche el pelo”, cuenta Josefina Aguilera, más conocida como Pompom en el ambiente, con su boca bien pintada de rojo y las mejillas coloradas.

Poncea, dale, poncea
Dentro de la Punta Juárez es un hervidero humano. El reggeatón retumba por los parlantes y cientos de chicos bailan de un lado a otro en grupitos. Las niñas por un lado, los niños por el otro. Algunos se acercan al ritmo del perreo hasta que quedan de frente con alguien del sexo opuesto, en parejas. Después se dan besos, se abrazan, se vuelven a besuquear. Se intercambian direcciones de fotolog y teléfonos que anotan en sus celulares y siguen besándose con entusiasmo adolescente. Eso es lo que un pokemón hecho y derecho llama poncear: pinchar con uno o varios chicos. “Todos vienen a los carretes a pasarlo bien y a poncear. Los que vienen a poncear, en general lo hacen con dos, tres o cuatro personas. Las mujeres también. Las pelás son las que poncean harto y no están ni ahí con nada”, explica Miguel (16) con una bebida energética en mano.
Los Poncios Core, un grupo de chicos de Puente Alto y La Florida, clientes frecuentes de carretes a plena luz del día, así explican el significado del nombre que los identifica: “Poncio es un cabro que se come hartas minas. Nosotros nos pusimos así porque somos los reyes del ponceo. Hacemos concursos de cuántas minas nos ponceamos y una vez, dos empatamos con 27 minas en una sola fiesta. Pero igual hay minas poncias: locas que a veces nos invitan a la casa cuando están solas, que ponen en su fotolog el aviso de que sus papás no están”, dicen en conjunto, en el patio de comidas del mall Florida Center.
Mientras en la Punta Juarez, todo es reggaetón y ponceos pasajeros. Desde el escenario Karol Dance animador estrella de fiestas pokemonas y portador de una polera amarilla que dice “Esta es tuya” con una flecha que apunta a su entrepierna – y que en realidad es Karol Lucero, 19 años, estudiante de derecho de la Universidad Bernardo O´Higgins – pregunta micrófono en mano: “¿Adónde están los más poncios?”. “¡Acaaaaaá!”, gritan desde todos lados aleteando con las manos. Tres chicos dirigidos por Karol lanzan jugos eskimo, de esos que vienen en tubos de plástico, y pulseras fluorescentes hacia el público. La masa de pokemones se pega codazos, empujones y salta en el aire para agarrar un regalo volador. Karol Dance se acerca a una tarima donde Josefina (16), alias PomPom Core, baila con una minifalda verde con basta de tul negro. Ambos se mueven para un montón de chicos manilargos que bajo la tarima, tratan de subirle la falda a la go go dancer prematura, le sacan fotos con sus celulares, le tiran monedas al escenario y le gritan: ¡A-se-si-na! ¡A-se-si- na!”. Ella les sonríe y se baja de la tarima a esperar el show. Pero Jowell y Randy nunca llegan a la Punta Juárez. A último minuto, se echaron para atrás. Pero los pokemones no arrugan y siguen perreando hasta que son las ocho de la tarde y varios padres esperan a sus hijos transpirados y con el olor a pucho impregnado en la ropa afuera de la discoteque para llevarlos de regreso a casa.

Mini sex symbols
“Por una alisadora de pelo y una gold cam, ¿hay chicas que se atrevan?”, gritó Karol Dance desde el escenario de la discoteque Lola Lola una tarde de enero de este año. Las niñas aletearon desde todos lados, pero al final fueron cinco las elegidas. Entre baile y baile, por decisión del público, quedaron sólo dos: una rubia y una morena. Las dos no pasaban los 16 años. “Una de ellas se bajó el pantalón y quedó con hot pants. La otra mina hizo lo mismo, pero ella andaba con traje de baño. El público estaba prendido. Gritaban: “¡Teta!, ¡Teta!”. Entonces las dos se desabrocharon el sostén y levantaron las manos un rato. La más aplaudida, que era la voluptuosa, ganó”, recuerda Karol. El problema fue que en medio del público, un fotógrafo del diario La Cuarta tomaba fotos. Y al día siguiente las imágenes de las niñas en topless y una acusación por utilización de menores en la discoteque, dejó la grande. Desde entonces, la discoteque Lola Lola pasó varios meses cerrada por orden del Municipio de la Florida, aunque el proceso judicial demostró que las chicas se habían empiluchado por su propia voluntad. Con una soltura de cuerpo que para los pokemones no era gran novedad: en los concursos para ganarse una alisadora de pelo, un par de zapatillas o una gold camara, un plus técnico para el fotolog que permite postear más y subir más fotos, varias chicas se han atrevido a sacarse un par de prendas en público.
“Una semana antes de que tomaran las fotos en el Lola, hubo un concurso parecido. Dos niñas se sacaron los sostenes, se bajaron los pantalones y así se dieron vuelta por el escenario. Después subieron a dos niños para que se besaran con ellas. Las manosearon enteras en el suelo. Las mujeres les gritaban que eran pelás y los hombres aplaudían como locos”, cuenta Jennifer. Josefina también ha visto chicas semipiluchas arriba del escenario y juegos eróticos como “chupadas de pechugas”. Andrés, uno de los integrantes de los Poncios Core, recuerda una vez que subió al escenario para que una de las chicas en competencia ganara un premio en Lola Lola. “Había una mina en sostenes y calzones. Me hicieron comerme el ají de su cuerpo. Así son los concursos: las minas bailan, hacen un show sexy y suben a un cabro para que les baile. La otra vez fue el Nacho Larraín (Fernando Godoy) a animar a la Luxor y una mina le dio un beso-beso. Él quedó para adentro”.
En otros concursos los chicos simulan con ropa posiciones sexuales. “En uno de esos, a los hombres les ponían unos dulces en el marrueco de los pantalones. Las niñas tenían que comérselo. Después la que perdió, tuvo que ponerse en cuatro patas con un hombre al frente y otro por detrás. Por eso, a veces en las discos nos dicen que no tomemos fotos y que no contemos nada de la fiesta”, cuenta Pamela de 13 años.
Sin embargo, todos reconocen que las chicas que participan en esos niveles extremos, lo hacen como si nada. “Es que para la juventud de ahora esas cosas no son graves. Para las chicas que concursaron en el Lola, tampoco fue grave lo que hicieron”, afirma Karol Dance. Finalmente son mujeres encerradas en envases de niñitas, según Josefina. “Pasados los 16 años, en sus mentes muchas ya se sienten mujeres grandes”. Lo mismo corrobora la psicóloga María de los Ángeles y esboza una razón para esas precoces muestras de sexualidad. “Ahora hay más niveles de experimentación sexual. Los grupos socioeconómicos más bajos son menos censuradores que los altos en ese ámbito. Además, con la democratización del acceso a la tecnología y a los medios, los temas se adultizan y la sexualidad se adelanta. Por eso ahora a los 18 años las niñitas están pidiendo pechugas”, dice. Algo nada extraño si sus principales referentes son la tele y el computador. Ahí, donde abunda la silicona, el sexo y los piluchos, como si nada.

Pokemones VIP
Sábado 24 de marzo. Avenida España, pleno Santiago Centro. Afuera de la discoteque Rapa Nui que por lo general hace fiestas diurnas pero para universitarios cerverceros, se ha convertido en la catedral del ponceo pokemón. El lugar está lleno de chicos que se mueven y cantan Atreve-te-te-te, salte del clóset, destapate, quítate el esmalte y de parejas que se sobajean por los rincones. Las hormonas zapatean en el Rapa Nui. Los jugos Kapo de naranja, paletas de dulces, helados de cien pesos y pulseras fluor vuelan sobre el público. “¡Donde están los infieles! ¡Dónde están las vírgenes!, ¡Donde están las morenas que se creen rubias! ¡Dónde están los que fuman marihuana!”, grita el animador y su público se vuelve loco gritando “aquí, aquí, aquí” con los brazos en alto.
En medio de la multitud, Bárbara y Jennifer se pasean con sus petos y minifaldas negras donde se leen las direcciones de su fotolog y sus nombres. Aparte de pertenecer al team RealCrown que promociona las fiestas sub 18 en el Rapa Nui, las dos son chicas VIP en el ambiente pokemón. Farándula pura o connotadas, como les dicen ellos. Una raza superior en un ambiente donde la herencia de la televisión farandulera se repite, pero a menor escala. Porque hay pokemones clase A y pokemones clase B. Los comunes y silvestres a los que nadie conoce y los faranduleros, cuyos fotologs son los más populares: un pokemón VIP es el que tiene más de mil personas que han agregado su fotolog entre sus sitios favoritos. Por ser tan visitados en sus páginas, pronto las discoteques o las productoras que organizan fiestas de día los llaman para que sean parte del staff, o sea, para que publiciten los carretes en su fotolog y repartan invitaciones.
Pero para ser VIP, hay que enfrentar una competencia feroz en el ciberespacio por quién sube las fotos más sexies, osadas, producidas y photoshopeadas para ser los más posteados y visitados. No es llegar y ser parte del socialité pokemón. “Si tú subes una foto de cara, nadie te postea. Las fotos tienes que ser más sexys. Las chicas se ponen rellenos o se juntan las pechugas para que los niños se incentiven”, explica Josefina, también figura farandulera en la Punta Juárez. “Mirar a cámara es estúpido, es como de foto carné. Entonces no tienes que mirar. Al pokemón le dices foto y mira para cualquier lado, sin sonrisa, serio. Hay minas que suben fotos con ropa interior, mostrando harto. Salen arriba de la cama, arrodilladas, en ropa interior, sin sostenes, agarrándose las pechugas con las manos”, dice Bárbara. Los fotologs pokemones son muy parecidos entre sí. Los chicos miran al horizonte, lucen sus chocos al viento y estampan su sobrenombre sobre la foto. Y las chicas, intentan ser lo más sensuales que puedan. Abundan las pantaletas animadas al aire, los sostenes e incluso algunos desnudos de la cintura hacia arriba que las niñas tapan con sus manos o dándole la espalda a la cámara. Por eso, muchas confiesan que han sufrido el cierre de sus fotologs por parte de los administradores, que deben clausurarlos si se encuentran con contenidos eróticos, sobre todo si los protagonistas son menores de edad. “En realidad se ven hartas fotos de niñas que posan sensuales. Pero en nuestro caso, no son tantos los fotologs que tenemos que cerrar por esos motivos. Este mes, sólo hemos bloqueado cinco de 450 mil”, aclara Luciano de la Cerda, uno de los dueños de fotolog.cl.
Lo cierto es que la mayoría de los pokemones pasa varias horas del día pegado a la pantalla de su computador chateando y subiendo fotografías nuevas. Nada extraño si se miran las cifras: según fotolog.com en febrero de 2007 el país que tenía mayor cantidad de fotologs en el mundo era Chile con 954.600 versus los 62.200 de Estados Unidos. En total, nuestro país concentra el 14 % de los fotologs.com del mapa.
“Yo paso todo mi tiempo libre en el computador. Apenas me levanto, me conecto. Igual mis papás me retan por pasar pegada a internet “, dice Jennifer. Los Poncios Core, repiten la misma rutina. Uno de ellos explica: “Paso varias horas en mi computador y como voy a estas fiestas, a veces mi mamá me dice que la casa no es pensión”. “El 100% de estos chicos está conectado siempre. Me llama la atención que van saliendo de la discoteque y los amigos se preguntan: “¿A qué horas te conectai?” “Me compro un sandwich y me conecto altiro”, cuenta Daniel Fernández, dueño de Punta Juárez. El ciclo de internet, fiesta, internet se repite una y otra vez. Todo con tal de convertirse en un rostro en el mundo pokemón, ahí donde muchos adolescentes de chocos alisados terminan creyéndose el cuento. “La otra vez, afuera de un carrete le pregunté a una niña por qué estaba tan triste. Me contó que su amigo, con quien se conocía desde que eran cabros chicos, no la había saludado porque ahora era parte del staff de la discoteque. A veces cualquier piojo resucitado que se convierte en VIP, no pesca más”, dice Bárbara antes de perderse en medio del jet set pokemón del Rapa Nui.

Zúmbate conmigo
Una nube de humo de cigarro flota sobre las cabezas de los adolescentes que este martes 3 de abril perrean en el Bar 89. Son las 12 del día, pero no se ve ningún escolar. A lo más, un par de chicas con polainas azul marinas de pingüinas. Esta es la primera fiesta Cimarra del año para los pokemones. En el flyer que la promocionaba, un pingüino de ojos saltones advertía que vinieran sin el uniforme escolar para bailar desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche y ver el enfrentamiento de los dos animadores top del circuito: Víctor Star y Karol Dance. Aparte de las fiestas cimarra, los pokemones también han llevado sus fiestas de tribu a diferentes colegios como el Liceo Lastarria y el Sagrados Corazones. Pero el año pasado en este último colegio, las cosas no terminaron tan bien. Apenas los Makakatoons, un grupo de reggaetón criollo cuyo hit – Hardcorita – fue grabado en computador, subieron a cantar sus éxitos como Cheque a fecha (“ven papá, te voy a dar la pasá” y otra pila de letras irreproducibles) a los sacerdotes que supervisaban el evento, casi les dio ataque. “Cuando se pusieron a cantar, los curas se agarraban la cabeza a dos manos. Entonces decidieron suspender la fiesta y nos sacaron a todos a las dos de la mañana”, recuerda Josefina. Pero como buena tribu urbana, no sólo tienen clásicos como las fiestas cimarra y grupos de música que han nacido al alero de la movida pokemona. También tienen su propio vocabulario y un idioma escrito en sus fotolog con el que podrían infartar a un profesor de castellano. “Nosotros decimos zúmbate que significa, ven a pasarlo bien, únete. También filete y pro que es algo muy bueno, las pelás a las niñas que poncean harto y poncear que no sólo significa agarrarse a alguien, también puede ser coquetear”, explica Jennifer del Rapa Nui. Los chicos de Poncios Core agregan a las “patés”, es decir, a las chicas más entraditas en carnes dentro del idioma pokemón. Y claro, a los flaites, sus enemigos número uno. “Los flaites son los que se visten con pantalones anchos, zapatillas NightShot, usan chasquillas, son más raperos. Y odian a los pokemones. A veces tratan de meterse a las fiestas, pero no los dejamos entrar porque van a puro lancear”, explica Karol Dance. De hecho, todos recuerdan grandes peleas afuera de las discoteques e incluso una monumental rosca en el patio de comidas del mall Florida Center entre flaites y pokemones que terminó con varios ventanales rotos, un chico apuñalado y con el cierre durante varios meses de ese sector del centro comercial para los adolescentes. Por eso, muchos de los flyers que promocionan las fiestas pokemonas, llevan una zapatilla NightShot, el icono flaite, tachada con una gran X.
Pero esta tarde en el Bar 89, no se ven flaites por los alrededores. Sin embargo, a las una y media de la tarde la música ya no suena. Un llamado desde la Municipalidad de La Florida les advirtió a los dueños del local que pararan la fiesta que había incitado al ausentismo escolar de los mil 500 pingüinos que había dentro. Fin del evento. Parlantes mudos. Una avalancha de pokemones transpirados y con el pelo esponjado salen resignados de la discoteque en las afueras del metro Bellavista La Florida. Se quedan alegando, tratando de averiguar qué pasó. Pero al rato, los grupos comienzan a dispersarse. Los pokemones desaparecen caminando o en las fauces del Metro, con su mochila colgada en la espalda. Atrás queda el reggaetón y los ponceos. Aunque sólo por hoy.

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2 thoughts on “Carrete Pokemón

  1. I recall it had been the one and only Eleanor Roosevelt who stated that
    with the new day comes new strength as well as fresh thoughts.
    I want to thank you for making me think today.

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