Anita Alvarado: Dios es su copiloto

(La Nación Domingo, 2008)

Anita Alvarado, la geisha, vuelve a Japón a grabar un reality. En su casa, mientras participa de un grupo cristiano, sólo espera que el juez les autorice que sus cuatro hijos más pequeños puedan salir del país sin el permiso de sus padres para emplumarlas de nuevo hacia el Oriente. Ésta es Anita, creyente y reflexiva, antes del viaje.

Anita Alvarado, es geisha, ex esposa del millonario y estafador japonés Yuji Chida, madre de siete niños de distintos padres, ex dueña de una mansión recargada en Chicureo, mujer de armas tomar y lengua sin pelos, masca una empanada de pino sentada con un polerón de buzo en la mesa de la cocina de su casa en La Florida. Es 11 de septiembre y mientras en las calles, la gente arranca rápidamente hacia sus casas y se ven cada vez menos micros, Anita come empanadas y escucha sobre la vida y obra de Jesús con un grupo de amigas y un teólogo que la conoció de chiquitita y es un consejero espiritual. Antes de partir a Japón donde será la protagonista de un reality, Anita está concentrada en eso: en Dios, su casa y sus hijos y nada más. Así, mientras espera que el juez le dé permiso para sacar del país a sus cuatro hijos más chicos sin el consentimiento de sus padres, Anita, que es más tímida, silenciosa y chiquitita que en la tele, se reúne a hablar sobre Jesús sin la etiqueta de ninguna religión encima. De la suya, dice, se aburrió hace rato. Del jaleo, parece que también. Aparte de uno que otro programa al que va a mostrar las garras, la geisha chilena no sale mucho de su casa. Es casera, bien mamá gallina con sus hijos que revolotean jugando por la casa, dueña de casa de tiempo completo y creyente total. Aunque usted no lo crea.

– ¿Y este grupo cristiano, Anita?
– Hace cinco meses más o menos estoy en esto porque me gusta. Además me crié dentro de una familia cristiana.
– Pero eras de la iglesia pentecostal, te casaste por la iglesia pentecostal
– Lo que pasa es que a veces uno se cansa de una religión. Yo fumo y a veces me tomo mis tragos y la iglesia castiga esas cosas. Pero no quiero dejar de creer en Dios. Siento que me hace falta y me hace bien. Mi comunión con Dios es otra cosa. Dios no me va a dejar de amar porque me tomé un trago o porque fume. Por eso me gustan estas juntas: en la semana nos juntamos puras mujeres y el fin de semana nos juntamos matrimonios, como treinta personas, siempre en casas.
– ¿Y cómo te imaginas a Dios?
– No sé. Para no asombrarme con lo que me va a decir, trato de conversar desde antes con él. Es como ir al psicólogo, le cuentas tus cosas y él te escucha. Pero a diferencia de un psicólogo, con él encuentras respuestas.
– ¿Qué te responde Dios?
– Con conexiones po. Hay momentos que tengo angustias o dolencias y digo que no quiero pasar por eso, no entiendo por qué pasa. Pero después leo la Biblia y me doy cuenta de que se te está formando el carácter en relación a Dios. Si no pasas por dolor, cómo vas a disfrutar de las cosas pequeñas. Cuando nunca te ha dolido nada, pasas de largo.
– Hay gente que ni se debe imaginar que eres tan creyente.
– Claro porque nosotros los humanos somos muy crueles con nosotros mismos. Pueden decir: “Ay, cómo Dios va a amar a una tipa que fue capaz de prostuituirse”. Pero ¿sabes? Dios me ama, me adora. Y yo lo siento.

Retorno nipón
– Te vas a Japón a grabar un reality. ¿Cuándo partes?
– Esta propuesta me llegó a principios de año, pero ahí tenía una relación que creía que todavía se podía salvar. Más que salvar la relación estaba esperando unas disculpas. Y nunca llegaron. Por eso ahí dije que no, no quería tomar decisiones para escapar de mis dolores. Ahora me sentí lista y dije que sí. Pero todavía no sé cuándo parto porque estoy esperando el permiso del juez para sacar a los niños del país sin el permiso de los padres. No sé en cuánto rato más será eso. Acá en Chile la justicia es muy lenta.
– ¿Por eso le pusiste demandas para la pensión alimenticia a los cuatro papás de tus hijos?
– Para que no se las lleven pelás. Si no son papás presentes, al menos que sean papás proveedores.
– ¿Y me vas a decir que nunca se han puesto?
– Mientras vivieron conmigo sí, pero después no porque se pican con una y castigan a los hijos. Por eso a ellos no les corresponde firmar el permiso y le estoy pidiendo permiso al juez para sacarlos, demostrando que ellos no son papás presentes. Y mi abogado se queda tramitando el tema de las pensiones acá.
– ¿Y a qué llegas allá? ¿De qué se trata el reality?
– De mi vida. Me llevo a cuatro de mis hijos y llegamos a una casa con todas las comodidades donde mis hijos van a tener profesores particulares.
– ¿No te da nervios volver?
– Para nada, me gusta Japón. Hay un cariño especial hacia Japón. Allá hay un montón de comodidades para vivir, juegos para niños, tienes termas a la mano para irte en familia, hay bowlings. Y además, me voy con todo pagado.
– ¿Por qué los japoneses sienten tanto interés en ti?
– Yo les pregunté lo mismo. Que por qué no hacían este reality con una japonesa. Y ellos me dijeron que porque yo quebraba el esquema del carácter de la mujer japonesa. “Tú respondes y te das lo mismo si quedas bien o mal”, me respondieron.
– ¿Y cómo crees que te ve el público japonés?
– Creo que las japonesas piensan: “Qué bien, se rebeló ante los hombres”. Y los hombres: “Esta mina no nos respeta y puedo echarnos a perder a nuestras mujeres”. Pero me tratan muy bien.
– Tú decías que los japoneses te entendieron y saben que no fuiste culpable.
– Claro y la mejor prueba de eso fue cuando me presenté allá y dije: “Acá estoy. Si hay juicio, me quedo al juicio y les respondo todo”. Tenía que hacerlo, si no ellos se iban a quedar con la incertidumbre de que quizás yo sabía todo lo que hizo mi ex marido. La gente se quería tomar fotos conmigo, me invitaban a sus casas, fue agradable.
– ¿Eres muy famosa en Japón?
– Todos me conocen. Fue LA noticia en Japón. No hubo un solo canal en el que yo no haya salido y no había periódico en el que no estaba.
– ¿Vas a ir a ver a tu ex marido?
– Sí, lo voy a ir a ver. La otra vez fui y no habló nada, tenía la cabeza agachada. Pero le voy a decir que estoy allá, le contaré lo que me ofrecieron y que estoy allá con mis hijos.
– ¿Qué significa él en tu vida ahora?
– Fue una persona que se enamoró. Para ellos ser infiel es su naturaleza. Cuando peleamos una vez para que no me fuera, me pegó. Ahí se quebró todo el cariño que sentía y dije: “ahora no va a ser por amor, ahora va a ser por plata”. Ahora le tengo cariño como persona. Yo no sabía que él estaba robando, pero a la mujer que le diste casi todo lo que robaste, puta, por último que te vaya a ver. A mí me mandó mucho dinero y yo creo que él me amó mucho. Cuando una está en esa situación es rico que te vayan a ver.

Puertas adentro
– ¿Cómo es un día normal tuyo?
– Me levanto a las 7 de la mañana, baño a los niños, los visto, les doy las mamaderas a los más chicos y al resto, leche con chocapic. Cuando las más grandes se van al colegio, trato de dormir otro rato hasta las 930 y ahí de nuevo me levanto a cocinar. Me preocupo que se coman toda la comida, una se va al colegio una y después veo que duerman siesta. Después todos juntos salimos a andar en bicicleta al cerro. Así es que nos vamos a Rojas Magallanes, todos en bicicletas con la mamá. Cuando llegamos arriba hago que miren hacia abajo y les digo: “Dios nos da la oportunidad que podamos disfrutar todo lo que él nos da, así es que vamos a dar gracias”. Y hago que cierren los ojos diez segundos para que den gracias.
– ¿Y cuándo te das minuto para ti?
– Cuando están todos acostados y me voy a la cama, me toca mi manera personal de hablar con Dios. Ahí veo algo entretenido en uno de los canales y me duermo hasta que uno se levanta y se me mete a la cama. Al final, amanezco con todos, con los cuatro. Pero es rico, fíjate. Me encanta ser mamá. Hace dos semanas, estaba soñando que me estaba ahogando. Y despierto y efectivamente me estaba ahogando: tenía a todos los niños alrededor. Eran las cuatro de la mañana y me dio ataque de risa. Es delicioso disfrutar de eso. Es entrete porque mis hijos son todos de distintos colores. A los 38 años voy a tener otro.
– ¿Y si no hay papá a la vista?
– No, pero de acá a los 38 me voy a enamorar seguro. Soy enamoradiza.
– ¿De cuántos hombres te has enamorado?
– De todos los papás de mis hijos. Me entrego así: “¡guaaa! Estoy enamorada, quiero tener un pedacito de ti”.
– ¿Por eso tienes hijos?
– También. Y porque nosotros fuimos siete hermanos y somos muy unidos. Nos queremos mucho, nos preocupamos y nos llamamos. Eso mismo es lo que quiero para mis hijos.
– ¿Te juntas con tus hermanos?
– Mucho. Todos los fines de semana voy donde mis papás, igual que ellos. Y ahí me dicen: mucha prudencia, no tienes por qué ser agresiva para explicar algo.
– Te tiran las orejas
– Sí, conversando, eso sí. Me dicen: esto no me gustó, por aquí sí va la cosa.
– ¿Y les prestas oreja?
– Sí y cuando he dicho o hecho algo que no corresponde, no voy ese fin de semana para que no me digan nada. Es que con luces aparece otra Anita, demasiado deslenguada.
– ¿Y te arrepientes de lo que dices?
– Varias veces. Una vez aparecí con trago en la tele con la doctora Cordero y el Lucho Jara. Yo tomo cerveza, pero esa vez no había y me ofrecieron pisco sour. Y como que me embalé mucho antes de que empezara el programa. Después me regalaron el casete para verme y ¡qué vergüenza! Hablaba todo muy lento. Pensaba y hablaba más lento de lo que pensaba. Era evidente que estaba con trago. Más encima le decía a la otra señora (Doctora Cordero) que había sido más puta que yo. (risas) Por eso te digo, frente a las cámaras es una Anita, pero acá en la casa ya ves, soy otra.
– Estás en una etapa espiritual
– No, yo siempre he sido así. Son cosas mías. En la tele, lo cruel. Pero en mi casa, es totalmente distinto. Y me gusta ser así.

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